Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 13 de junio de 2012

Sófocles, Tragedias

Tragedias de Sófocles (Gredos)
Sófocles, Tragedias (Gredos, Madrid: 1981)
Leí por vez primera las tragedias de Sófocles allá por los 80 en la edición de Julio Pallí en una colección y editorial que cumplió un gran cometido en su época, los clásicos de Bruguera. Luego, diría que en 1982, traduje, durante un trimestre en la universidad, Antígona desde la edición de clásicos de Oxford sólo con el texto griego. Y ahora acabo de releer las tragedias completas en la colección de clásicos de Gredos.
Tragedias de Sófocles (Bruguera)
Siempre actual Sófocles, por supuesto, sobre todo su Edipo y su Antígona. Y siempre se encuentran nuevos matices. Impresionante la frase de la esclava de Áyax ante la locura de éste que le llevará al suicidio: ¿Qué patria podría tener yo que no fueras tú? (518). O el papel de la hybris, ya presente en la Ilíada con Aquiles y aquí llevando al destino fatal a Áyax, que no acepta que haya sido Ulises el premiado con las armas de Aquiles; o a Creonte, que hace caso omiso del coro y de Tiresias ante el asunto sagrado del entierro de Polinices (por cierto: nada se dice en el prólogo acerca de la relación de ese conflicto con la oposición tratada en la filosofía del momento entre fysis [la ley natural por la que Polinices debía ser enterrado] y nómos [la ley humana de Creonte que lo impide]). O esas ironías trágicas: puede decirse que es Héctor, ya muerto, quien mata a Áyax porque éste se suicida con la espada de aquél; de igual modo, Heracles mata al Centauro pero, en trance de muerte, éste regala a Deyanira una túnica envenenada que, al pasar luego al cuerpo de Heracles, lo mata. O el lento proceso de autoanagnórisis de Edipo por el que él mismo se va reconociendo como hijo y asesino de Layo (Yocasta: la figura (de tu padre) no era diferente de la tuya [743]; Mensajero: las articulaciones de los pies te pueden testimoniar [1.031]); este último caso más típico, a partir de una tara, parecido al momento en que Electra reconoce a su hermano Orestes por el anillo (1224).
Por último, algunos detalles:
En el aparato de notas esta edición sufre de alguna falta de coordinación: en Antígona (190) Creonte utiliza el símil del estado como una nave que va a buen puerto y el editor anota que el símil se remonta a Arquíloco; en Edipo rey (695) el coro vuelve a utilizar el símil y la nota, en lugar de remitir a la anterior, repite la fuente de Arquíloco. O notas en las que se podrían profundizar: en Edipo rey (716), a propósito de la muerte de Layo en una encrucijada de tres caminos, se anota que un escoliasta dibuja ahí una Y sin que se añada ni que eso es un símbolo a partir del trazo grueso de la izquierda -camino fácil- y el trazo estrecho de la derecha -camino difícil- ni que el mismo símbolo aparece en el Evangelio. De modo parecido, en Electra (421) se dice que Clitemnestra ha soñado cómo del cetro de Egisto brotaba un tallo que, al florecer, ensombrecía todo Micenas, y se anota como precedente un sueño parecido de Astiages en Herodoto sin aprovechar para decir que sueños con árboles aparecen en los libros de profetas bíblicos.
En cuanto a la traducción, cómo se puede encontrar una frase como ésta en una colección de tanto prestigio: Venid, rápidas y vergadoras Erinis, hartaros, no tengáis clemencia...?: ¿cómo se puede usar un imperativo correcto para, en la misma frase, introducir un vulgarismo tal como el uso del infinitivo hartaros por el imperativo hartaos?
Por fin, algo anecdótico: cuando vi Harry Potter 1 con mi niño y apareció un personaje, la niña peluda, llamado Hermíone, pensé que me sonaba a alguien del mundo clásico que no podía identificar. Ha sido ahora, en una nota a Electra, que he sabido se trata de una hija de Menelao.

Scriptorvm Classicorvm Bibliotheca Oxoniensis

No hay comentarios:

Publicar un comentario