Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 1 de junio de 2012

Homero, Odisea

Homero, Odisea (Gredos, Madrid: 1982. Ed. de Manuel Fernández Galiano y traducción de de J.M. Pabón)

Había leído la Odisea en la vieja edición 1967 de Mª Ángeles Cardona de Gibert, que de todo sabía, en los clásicos de Bruguera y con la traducción, hoy ya anticuada, de Luis Segalá. Con esta nueva lectura observo:

1º) Algo tan simple como obvio: que el esquema triangular padre-madre-hijo es el contrario que en Edipo rey:
a) Edipo, creyendo ser hijo del rey de Corinto, intenta huir de su padre pero, camino de Tebas, encuentra casualmente a su padre verdadero; y lo mata. Telémaco, al contrario, parte en busca de su padre y la primera persona a quien pregunta por él es Néstor, que había ejercido como padre, como anciano consejero, de los caudillos que asediaban Troya; se puede entender como recurso al padre para encontrar al padre.
b) Edipo casa con su madre tras haber superado la prueba de la esfinge (como en el folclore el hermano menor que supera la prueba y consigue a la princesa). La intención de Telémaco es la contraria, impedir el matrimonio de su madre con los pretendientes.
c) El reencuentro familiar de Edipo con su madre Yocasta, es decir, el reconocimiento entre ambos, supone la conciencia de incesto que llevará a la catástrofe final (suicidio de Yocasta, ceguera de Edipo y, en el resto de la obra de Sófocles, la muerte mutua de los dos hijos de éstos, Polinices y Eteocles, y la condena a muerte de la hija Antígona). El reencuentro familiar de Ulises, Penélope y Telémaco, en cambio, conlleva la armonía hogareña.

2º) En una segunda lectura, en cambio, se observa cómo el incesto está también presente en la Odisea y penetra incluso en el núcleo familiar central. Es incestuoso, en el plano de los dioses, el hogar de Eolo cuyos seis hijos han casado con sus seis hijas (X, 5-8). Ya en el plano de los mortales, es incestuoso el matrimonio de Alcínoo (VII,66-67) con su sobrina Areta: de ellos nacerá Nausícaa, concebida en la obra como figura contrapuesta a Circe y Calipso, y además, en el país de los feacios, presentado como lugar ameno en contraposición al resto de espacios recorridos por Ulises. Pero léanse detenidamente los vv. XXI,111-117: ¿por qué Telémaco quiere tomar parte en la prueba del arco de cuyo éxito, como en el caso de Edipo y la esfinge o del folclore, se seguirá el matrimonio con su madre Penélope?; ¿qué lectura simbólica se sigue del v. 117 al decir Telémaco que empuñará las armas de su padre?

3º) ¿Es válida para la Odisea la interpretación tradicional para la novela bizantina y las novelas de periplos? Puede entenderse que Ulises tiene que hacerse merecedor de su patria Ítaca tras haber sufrido mil penalidades en el mar; como los israelitas, que sólo alcanzan la tierra prometida tras pasar hambre y castigos de Yahvé en el desierto. Es la idea del homo viator, del hombre de camino y peregrino en el mundo. Como don Quijote, que conquista la cordura tras haber sufrido palos y burlas por los caminos. Pero, al alcanzar su aldea, ¿qué va a hacer don Quijote?, ¿discutir, como antes de partir, sobre libros de caballerías con el cura y el barbero?, ¿no sabe él mucho más que ellos porque no sólo ha leído libros de caballerías sino que, además, ha vivido uno?; por la misma razón, ¿cómo va a seguir leyendo libros de caballerías? Por eso, lo más digno que le queda por hacer es morir, como así ocurre. ¿Y Ulises?: tras los nueve años de la guerra de Troya con su incursión en el campamento troyano, la idea del caballo, el premio de las armas de Aquiles; tras haber cruzado los peligro de los mares, Escila y Caribdis, las sirenas; tras haber pisado peligros en tierra, Polifemo, los lotófagos, los lestrigones; tras haber gozado de diosas como Calipso o Circe y dejar pendiente a Nausícaa..., ¿se va a conformar con quedarse en casa muerto de aburrimiento porque ni siquiera le ha quedado ningún compañero de armas para hablar, a la sombra de los palacios de Ítaca, de las viejas hazañas? ¿o, harto de tranquilidad, contemplará el mar añorando sus peligros y un día se irá sin decir nada?

4º) Como cosa anecdótica y para lectores del Cantar de Mío Cid, compárese XXII,361-363, en el que el heraldo Medonte se oculta bajo un sillón para huir del peligro, con el conocido episodio de Valencia en que Diego González de Carrión se esconde bajo un escaño huyendo del león (vv. 2288-2291).

3 comentarios:

  1. Supongo que sabrás que a nuestro Homer de los Simpson en Sudamérica le llaman HOMERO. Igual que al personaje de Charles Chaplin allí se llamaba Carlitos en lugar de Charlot. Cosas del márketing.

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  2. Por cierto, gracias por poner el convoy89 en tu lista de blogs. A ver qué sale de ahí.

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  3. Hola, Raúl. Eso de Homer Simpson es como cuando a la película de Disney la titularon Aladin en vez de Aladino; o al prota de CSI Miami le llaman Horatio en vez del más natural Horacio; y ya no digo esas que se llaman Rachel y traducen como Reichel.

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