Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 29 de noviembre de 2011

Ónfalos (LXX concurso de relatos Bubok [tema: viajes en el tiempo])


Viernes por la tarde en Cambridge. Siluetas de gótico tardío contra el cielo. Primavera. P y Q, como cada viernes, han quedado citados para su paseo junto al río. Sale cada uno de su despacho y de sus libros, cruzan claustros, jardines y, tras calles empedradas bajo campanarios, se encuentran en el banco junto al sauce. Pasean, en ademán también gótico y tardío, camino de ida, camino de vuelta. Hasta la hora del pub:
-Una pinta de guinness y otra de lager.
Sacan las pintas al jardín y se acomodan en una mesa de madera. Alguien, algún amante de la música clásica, ha dejado la ventana abierta en el edificio contiguo y se distingue nítidamente a Jim Morrison cantando: Riders on the storm, /  Riders on the storm         

En ese momento el amanecer acaricia los ojos de Edipo y lo despierta. La noche anterior, él y su criado, viniendo de Corinto y tras errar el camino de Delfos, habían decidido hacer noche junto a una fuente. Es la fuente Castalia. Se refrescan, acercan los caballos para abrevar y prosiguen el camino. Se orientan por el sol y al poco tiempo, tras cruzar un bosque de laureles, llegan al recinto sagrado. Edipo se apea, deja los caballos al cuidado de su criado, se dirige decidido al templo, saluda al sacerdote que sale a recibirlo y le entrega su ofrenda en oro y su pregunta para el oráculo grabada en una lámina de plomo.
Edipo queda fuera, a la espera, apoyado en el umbral. El sacerdote entra con la lámina y se la entrega a la Pitonisa, la Pitia, así llamada porque permanece constantemente sentada sobre el ónfalos, el ombligo del mundo, bajo el que están enterradas la serpiente Pitón y las fuerzas telúricas. La Pitia lee la pregunta de Edipo –¿qué va a ser de mí?- y, al punto, la reconoce y sabe que ya la contestó una generación antes; al padre del mismo que viene a preguntar.

Into this world we’re thrown, / Like a dog without a bone.
-Otra pinta de Guinness y otra de lager.
Y P le pregunta a Q:
-¿Recuerdas el concepto de eternidad en Boecio?
-Sí, la eternidad como lo contrario del tiempo, la presencia simultánea en todos los tiempos. Es atributo exclusivo de los dioses. Pero esa idea no es sólo de Boecio; está en otros clásicos y corre por el mundo oriental.
Jim Morrison es un susurro por debajo de la conversación.

La Pitia bebe el vino de Dioniso, entra en trance y al instante asiste, como en vorágine, a todas las generaciones. Está en lugares de hielo nunca hollados por el hombre y, simultáneamente, en espacios que en tiempos de Edipo aún no han conocido al hombre, en guerras con máquinas inimaginables, en el vacío del cosmos... Y oye otra vez la gran algarabía, oye al unísono todas las frases posibles en todas las lenguas posibles presentes, pretéritas y por venir, y cadenas de sonidos que en ninguna de ellas tendrán sentido; y oye las olas chocando contra las rocas en el mar de Creta, y gruñidos de animales ya extintos, y rumores de bosques, y el silencio…
Edipo sigue apoyado en el umbral y la Pitia sigue sentada sobre el ónfalos. La Pitia baja al tiempo desde la eternidad y viaja a través de todos sus recovecos, ora a la izquierda ora a la derecha del tiempo. Está sentada en el ónfalos y está también detenida en la encrucijada que divide el camino que sale de Delfos, esa encrucijada en forma de Y, de ypsilón: el camino de la izquierda, como el trazo izquierdo de la letra, ancho y fácil hacia Corinto; el de la derecha, estrecho y difícil hacia Tebas de Beocia. Nubes negras, llueve, truena y no se ven pájaros en el cielo. Ahora la Pitia se sienta impasible en un mojón del camino de Tebas y ve venir del lado de la ciudad un carro. El paso es angosto, el camino un barrizal y las ruedas del carro se hunden en el lodo. Layo, rey de Tebas, y su auriga bajan del carro e intentan inútilmente mover las ruedas.

Riders on the storm, /  Riders on the storm
-Otra pinta de guinness y otra de lager.
Y ahora P dice:
-Pues estoy convencido de que si los griegos le hacían tanto caso a los oráculos es porque eran verdaderos. Porque quien los dictaba era la divinidad que alojaba su voz en la boca pálida del sacerdote, de la sibila, del adivino…
-Serán las cervezas… ¿Y qué pasaba cuando el oráculo fallaba?, ¿era la divinidad que mentía?
-No. Era o que el sacerdote no entendía a la divinidad o que era un falso sacerdote. Porque en la divinidad no cabe la mentira. Ahí está Platón para decir que divinidad y verdad son una y la misma cosa.
-Lo que digo, serán las cervezas.
Una corneja cruza el cielo de izquierda a derecha de P y de derecha a izquierda de Q, que está sentado frente a él.
There’s a killer on the road

Edipo sigue junto al umbral del templo de Delfos. Y la Pitia sigue en el ónfalos y, a la vez, en el cruce de caminos. Ve venir de la parte de Delfos, bajo la lluvia, a Edipo y su criado a caballo, los ve despedirse y oye cómo Edipo manda a su criado de vuelta a Corinto. La Pitia pregunta a Edipo quién es y dónde va:
-Soy Edipo de Corinto. Voy a Tebas huyendo de un oráculo doblemente desgraciado.
-¿Estás seguro de que eres de Corinto?
Pero Edipo ya no escucha. Cabalga bajo la lluvia hacia Tebas. Y la Pitia, con sus ojos verdes de lechuza, ve desde la encrucijada y desde el mojón cómo Edipo pide, exige a Layo que aparte el carro, cómo ni Layo ni su auriga pueden sacar el carro del lodo, cómo discuten, cómo Edipo saca su espada y la hiende en la cabeza de Layo.
La Pitia, desde el ónfalos, vuelve a escuchar la algarabía de cadenas infinitas de sonidos y, con la ayuda de Apolo, señor del templo y que convierte en orden los torbellinos, escoge, de entre todo el laberinto de palabras, las que el sacerdote transmitirá a Edipo como epifanía prístina. Y ni siquiera ella será capaz de detener a Edipo en la encrucijada sugiriéndole que no es hijo del rey de Corinto, como cree, sino del de Tebas, que viene hacia él en carro. Porque la Pitia, en su paseo por la eternidad, ha estado también en la alcoba de Yocasta, viuda de Layo, y ha visto cómo Edipo engendraba cuatro hijos en el mismo vientre donde fue engendrado él mismo convirtiéndose así en padre de sus cuatro hermanos.
El sacerdote transmite a Edipo, que sigue en pie ante el umbral, el oráculo de la Pitia. Edipo era, es y será una pobre criatura finita en manos de la divinidad eterna.
La Pitia descansa mientras Edipo se arranca los ojos; descansa mientras sus dos hijos se matan entre sí a las puertas de Tebas; descansa mientras su hija Antígona se suicida; descansa mientras su otra hija, Ismene, acompaña a su padre, ciego, a morir en Colono.

Y otra pinta de guinness y otra de lager.
Ahora es Q quien habla:
-A cualquier cosa que le estés dando vueltas le podías añadir esa idea que corría por el siglo XIX.
-¿Cuál?
-Que los dioses han existido realmente, han pisado la tierra pero acabaron por huir hartos de los hombres.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Chico Buarque, Estorvo

Chico Buarque, Estorvo (Companhia Das Letras, São Paulo: 1991)
Hemos leído la primera de las novelas de Chico Buarque y va a ser que no. A lo mejor tiene un pase porque es la primera pero es bastante inferior a Budapeste, la penúltima, y -paradójicamente- se acerca a la última, Leite derramado, que reseñamos aquí hace algún tiempo.
Poca cosa: desarraigo y deambular caótico. Eso en literatura española está desde la picaresca hasta La Colmena de Cela. En Estorvo asistimos a un constante dar vueltas de un personaje por ambiente tanto urbano como rural y de casa en casa, la de la hermana, la de la ex, la de la madre... Ya digo, como el protagonista de la Colmena, ahora en el café de doña Rosa, ahora en una casa de citas, ahora por la calle...
Eso sí, la novela, como las demás de su autor, tiene alguna ocurrencia lingüística: Inventou e queria me ensinar uma língua chamada desesperanto (41); eu não olhava o espelho há tanto tempo que ele me toma por outra pessoa (101).
Y como no he encontrado por la red ninguna imagen de la portada de mi edición del libro, en vez de poner eso, como a mí me gusta, pondré una canción de su autor, Cálice, a dos voces con Milton Nascimento, una canción en la que la gracia gira alrededor de la coincidencia de sonidos entre cálice (cáliz) y cale-se (cállese); de ese modo, la frase evangélica Padre, aparta de mí ese cáliz se convierte en Padre, aparta de mí ese "cállate" (habida cuenta el tratamiento en brasileño por você de donde cale-se y no cala-te):

lunes, 21 de noviembre de 2011

Redención (XXVII concurso de microrrelatos Bubok; frase inicial obligatoria: Cogiéndole de la mano)


Cogiéndole de la mano, tiró de él.
Él, que la había engañado, raptado, seducido..., se hundía bajo una sima abierta a sus pies. Pero la miró y ella tiró aún con más fuerza. Porque sus ojos no eran los mismos ojos de cuando la había engañado, raptado, seducido... Siguió tirando con más fuerza aún y la sima se cerró.
Doña Inés había salvado a don Juan.

(Voy a decir que con este microrrelato quedé el último del concurso. ¿Que si me se cae la cara de vergüenza?: pues sí. Me ha pasado por exceso de soberbia, por pretender emular al gran Zorrilla. Intenté nada menos que resumir la última escena del Tenorio. Pero me faltó ambientarla con el detalle de la penúltima acotación del gran dramaturgo vallisoletano: Varios angelitos... rodean a doña Inés y a don Juan, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. Doña Inés cae sobre un lecho de flores... )

jueves, 17 de noviembre de 2011

Otras nenas de la Sexta (parte III y última)

Helena Resano
Después de unos días de elucubraciones creo llegado el momento de retomar la seriedad en este blog siguiendo la serie de nenas de la Sexta. Y me acabo de acordar de que hará más de 20 años, a finales de los 80, yo trabajaba en Tarragona y participaba en una tertulia de intelectualillos que se reunían cada dos jueves y en ella había un viejo marxista, Alejandro Pérez, que cuando la gente se ponía a discutir bobadas decía al estilo Umbral: "Yo he venido aquí a hablar de lucha de clases y de mujeres". Pues eso, de momento ¿qué tal esa foto de Helena Resano? Porque entiendo que es la mujer ideal para cerrar una serie que abrí con Patricia Conde.
Beatriz Montañez
Sí, bueno, en esa cadena hay otras nenas dignas de comentario. Por ejemplo, Beatriz Montañez (Almadén [Ciudad Real], 3/6/77). No es que sea la belleza total pero tiene su interés y curiosidad. Por lo menos, es mejor portada de Interviu que la Terelu Campos que aparece esta semana y -a saber por qué- ha arrasado en los quioscos; y eso que esta foto no es un posado. Además, parece inteligente y, para mí, es la que lleva el peso de la primera parte dEl intermedio, el programa del Wyoming. O será que yo a él no le veo la gracia desde que empezó con el Caiga Quien Caiga. Por la radio todavía, que a veces sale en Radio Nacional, pero por la tele... con esa dicción histriónica que no sé si se quiere parecer a Gurruchaga... Pero volviendo a Beatriz Montañez, ahí está: una mujer de las de ir a tomar algo, a cenar, a hablar con ella y si surge... Lo que le falla, eso sí, es esa manía de pronunciar en inglés las palabras inglesas, que hace muy repipi. Dejo esa foto con el cuerpo de perfil para que le destaquen los pezones y no sepamos si nos mira con ellos o con los ojos. Y de las otras dos nenas del programa prescindo: de la Usunyún o como se llame la china coreana porque -dicho a lo pedante- cae fuera de mi universo de discurso; y en cuanto a la Thais Villas, como que no, que le veo unos ojos raros.
Helena Resano
Volvemos a Helena Resano (Pamplona, 9/2/74) con otra exhibición de escote y con el canalillo más profundo que en la foto anterior por causa de la ropa. Y la niña no parece tonta; incluso vienen anunciándola esta semana como presentadora o lo que sea del programa postelectoral del domingo lo que, de otro lado, no es motivo suficiente para que yo lo mire. Además, en esas fotos se ve que ella no es sólo escote. Hay otro detalle que atrae, los ojos; diría incluso que por ella escribió Neruda aquello de tus ojos oceánicos. Una última foto, curiosa:
Mamen Mendizábal y Helena Resano
Digo que la foto es curiosa por varias razones: vamos a ver, que eso parece una piscina cubierta y, ¿qué sentido tiene hacer top less en una piscina cubierta? Además, parece como si se insinuara que las dos -la otra creo que se llama Mamen Mendizábal- estaban ahí haciendo una tortillita, que no sabemos si por debajo llevan algo. Pero muy bien el color continuo del cuerpo -de las dos- y no con cambio de color en la línea de los pechos. Aun así si se compara la primera foto de Helena Resano con esta se llega a la conclusión -yo al menos- de que es preferible insinuar que mostrar.
Acabo así con las nenas de la Sexta no sin antes decir que hay otras muchas. Por ejemplo las extranjeras de las series. Sólo un ejemplo, el de Robin Tunney, que había salido en Prison Break y ahora es esa policía dEl mentalista que tan poco femenina sale por esa caracterización de policía y por la vestimenta. ¿Qué tal esa mirada y ese escote en picado?
Robin Tunney

Pues no quiero entretener más por si alguien me lee el sábado 19 de noviembre. Digo que no quiero entretener porque es día de reflexión para decidir con seguridad y convicción el voto del día 20. Yo, por mi parte, ya lo he decidido: hasta mí no ha llegado noticia de ningún partido que incluya en su programa electoral una ley por la que a partir del 21 de noviembre se vuelva a poder fumar en los bares. Así que...



domingo, 13 de noviembre de 2011

Habitando tu piel (LXIX concurso de relatos Bubok [tema: el erotismo])

Atardecer de julio en el campo salmantino. Por salir un fin de semana de nuestro pueblo y meternos en cualquier otro. Por sacar nuestros amores de su casa o la mía y pasearlos por esas geografías.
Tarde de siesta a la espera de que baje el calor. Siesta en penumbra y la luz blanca de su cuerpo. Caricias, besos, palabras, placeres, … Descanso y sueño con su brazo agarrándome por la cintura como si me fuera a escapar. Si cuando me escapo es para dejarme aprisionar por sus ojos…
Habíamos pensado dedicar un rato a andar. Salimos a la calle y nos decidimos por el primer camino. Aún queda para el tramontar del sol hacia Portugal. Encinas y chaparros. Sin prisas. No se ve a nadie por esos campos y la cojo de la mano. Por eso también me gusta que salgamos de nuestro pueblo, porque allí somos formales y en otros espacios puedo unir su mano a la mía, puedo abrazarla o arrinconarla contra un árbol, podemos querernos al aire libre.
De repente aparece de detrás de un recodo un caballo con su jinete. Viene hacia nosotras y ella, instintivamente, tira de la mano para soltarse. La agarro fuerte:
-Como te sueltes, aquí mismo te estampo un beso.
El jinete se cruza con nosotras y saluda. Le devolvemos el saludo y ella, cabizbaja como si el mundo no estuviera curado de espantos.
Volvemos al pueblo antes de que anochezca y nos metemos en el bar a pinchar algo para cenar. Y para planificar las vacaciones, claro, porque ése era el objetivo del fin de semana. Que también lo podíamos haber hablado en su casa o en la mía pero lo habíamos acordado así, salir el fin de semana y empezar a preparar las vacaciones. Además, es ella la que decide; yo la dejo hablar y luego todo me parece bien. No sólo por comodidad sino porque siempre acierta como acertó este fin de semana pasado con la casa rural y el pueblo salmantino. Con una caña y las tapas de por medio me cuenta: que si el primero de agosto nos vamos a Portugal –ya veremos si con su coche o el mío- que si a Figueira da Foz, cerca de Coimbra, una ciudad universitaria muy importante:
-¿Son vacaciones culturales o también habrá de lo otro?
Porque eso sí, ella es una intelectual. Ya una vez me desperté de la siesta y estaba a mi lado leyendo. Le cerré de golpe el libro, lo dejé sobre la mesita de noche y se lo expliqué nítidamente:
-A mi cama se viene a lo que se viene.
Y eso no quita para que me quede con la boca abierta cuando me cuenta esas historias que lee o que se me caiga la baba cuando, tras dejarme arrastrar a la fuerza a algún museo –incluso el amor tiene daños colaterales-, me explique una pintura que yo veo normalita con que si la perspectiva, el punto de fuga y qué sé yo qué más. Pero a lo que iba: que si me parece bien lo de Portugal. Que sí, que por supuesto. Que si al volver a la habitación me enseñará en el portátil las fotos de Figueira da Foz, de las playas y del hotel.

Al volver a la habitación… Pero eso fue luego, que aún me tuvo un rato de conversación:
-Que me perdones por lo de antes en el camino.
Se quita el anillo, me coge la mano derecha con su mano derecha, me quita el anillo, me pone el suyo y se pone el mío. Porque tenemos los dedos del mismo grosor. Fue un regalo que compré después del fin de semana en el que nos dejamos claro que su cuerpo es sólo para mí y viceversa. Y los anillos son iguales, con nuestros nombres grabados. La única diferencia es que en el mío está su nombre delante, Eva, y en el suyo está el mío, María. Y lo de intercambiarnos los anillos lo hace ella de vez en cuando como símbolo de algo, vete tú a saber de qué:
-Que me perdones, ya sabes de mis pudores y remilgos.
Que si sé… Como esas veces en que, ya con la luz apagada, se me arrima, me acaricia el vientre que ya veo que no es sólo de cariño, me hago la loca a ver qué y acaba acercándoseme al oído para, en voz muy baja, pedirme que si antes de dormir podemos hacer esto o aquello. Enciendo la luz, le pido que me lo repita mirándome a los ojos y le salen todos los colores. Pero me lo repite.
Luego están sus contradicciones. Una vez cambiados los anillos me coge la mano. En medio del bar. O sea, en el camino, con una sola persona, no quiere, y en el bar, lleno de gente en sábado por la tarde, va, me coge la mano y se pone a acariciármela. Ella a un lado de la mesa y yo al otro. Me mira a los ojos y me acaricia la yema del dedo anular con la yema de su dedo anular. Despacito y con un leve roce como cuando…:
-¿A que no sabes dónde te estoy sintiendo?
-Venga, no empieces a exagerar.
Y era verdad pero sólo a medias. Porque la sentía ahí y, a la vez, como ondas que se me iban metiendo hacia dentro. Como esas veces en que acabo sintiéndola en la garganta. Me cogen las prisas:
-¿Volvemos a la habitación?
Al volver a la habitación…

Al volver a la habitación ya me había olvidado de las fotos, por supuesto. Pero lo de las fotos era en serio y, además, a ella le gusta tenerme en espera. Yo ya estaba desnuda en la cama pero Eva, con toda su parsimonia, abre el portátil, se va a no sé qué ficherito y venga a pasar fotos y preguntarme si me gusta el hotel o fíjate qué playa. Interminable.
-Muy bonito todo. Gracias por  buscar ese sitio. Seguro que lo pasaremos muy bien aunque yo contigo lo paso bien donde sea.
Besito tierno y por fin empieza a desnudarse:
-¿Me dejas que me ponga ocurrente?
Porque sí, mucho pudor y mucha vergüenza para ciertas cosas pero luego, a la hora de inventarse cuadritos, es única: que si ponte así, que si ponte asá, y a mí, como con las vacaciones, me está bien todo mientras sea con ella.
Me separa las piernas y se pone a soplarme ahí. Sí, a soplar. Rato largo y, de vez en cuando, a dejar caer salivita por mi zona lúdica:
-Es para irte encendiendo.
-No, si yo ya venía encendida.
-Pues para encenderte más.
Y vaya si me encendió. Hasta abrazarle la cabeza con las piernas y empezar a retorcerme:
-Anda, ven, que te explico el mundo.
A lo inefable: labios contra labios, los unos y los otros; y los unos contra los otros. Gritos, espasmos y jadeos. Por ese orden o por cualquier otro. O sin orden. Cuerpos en caos, lenguas al azar y el placer supremo en orden, ella y yo juntas, sincrónicas como siempre. Hasta quedar exhaustas y saciadas. Y traspuestas, que caímos dormidas tal como estábamos, puestecitas del revés. Y a la mañana siguiente despertarnos con caricias, besos y mordiscos en los talones y el empeine.

El fin de semana perfecto. Ya volvemos a estar en nuestro pueblo. De aquí dos semanas, de vacaciones a Portugal. Playa por la mañana y quizá le deje una tarde para algún museo o cualquier otra de sus cosillas culturales. O no. Si me quedo mirándola al fondo de esos ojos verdes ya sabe lo que hay, que yo no necesito ninguna de sus ocurrencias para encenderme. Ni para encenderla a ella. La tengo envuelta en una nube y ella me tiene envuelta en la misma nube. Desde aquel día:
-Eva, no te digo cuánto te quiero para que no te asustes.
-Yo también te quiero mucho, María.
-No te pongas sosa y dímelo con alguna floritura.
-Pues que te quiero tanto… tanto… tanto que cuando te levantas para ir al cuarto de baño ya te estoy echando de menos.
Desde ese día da igual que sea verano o lo que quiera el calendario. Si este fin de semana pasado hubiera sido de un invierno de nieve nos habríamos quedado en el pueblo pero lo habríamos pasado casi igual. Sólo que encima de la alfombra y los almohadones de mi salón frente al fuego de la chimenea. Y lo de ir de vacaciones… Sí, bueno, por ver mundo. Pero el único mundo que quiero ver es su cuerpo desnudo. Y el único museo que quiero visitar. Sí, ése es mi mundo, mi patria, mi mapa, mi único paisaje.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Indignaciones laterales: Tele 5 y la 1

Personajillo de sexualidad alternativa nº 1
Vamos a ver en qué país estamos. Resulta que va Tele 5 la semana pasada y en La noria saca a la madre del Cuco, uno de los críos involucrados en el asesinato de Marta del Castillo de Sevilla. Eso causa indignación entre el empresariado que, en cadena, empieza a retirar la publicidad de ese programa: ejemplos son Nestlé, Campofrío, Banco de Sabadell, Puleva, Bimbo... Vale, bueno pero, ¿dónde está el problema?, ¿en cuestiones de degeneración y moralidad? Pues no sé si, como siempre, falla la bibliografía básica: ¿cuándo una empresa puede dar lecciones de moralidad? Ya no entramos en que un banco es algo tan inmoral que el préstamo a interés ha llegado a estar prohibido. Vamos a lo de que una empresa se basa en: compro materias primas por 100, pago 20 al trabajador (antes obrero y más antes proletario) por que transforme la materia prima, y vendo el producto final por 150. O sea, la empresa gana 30; si la empresa va ganando 30 por cada producto, como esto es un juego de suma cero, de algún lado salen esos 30. Para el que sepa, aunque trivializadas, he resumido las ideas sobre plusvalía y acumulación de capital de Marx y Engels. O sea, los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Además, ahora los más ricos dando ejemplo de moralidad como esas señoras de las novelas del XIX que saltaban del confesionario del cura a la cama del amante. En fin...

Personajillo de sexualidad alternativa nº 2
Pero a mí me indigna más lo de hoy en la 1. Yo sigo cada tarde el serial Amar en tiempos revueltos. Bueno pues resulta que como esta noche hablan Rubalcaba y Rajoy por la 1 he tenido que aguantar toda la serie con un cuadrito en el ángulo superior derecho con las caras de los dos y, peor, un contador que iba marcando las horas y minutos que quedaban para el debate. O sea, como si fuera un Barça-Madrid con Kubala y Di Stéfano, o la llegada a la luna del Apolo nosécuántos, o aquel acontecimiento de trascendencia planetaria del que habló con su habitual hemorragia de inteligencia mi siempre admirada Leire Pajín. Ah, bueno,´pinchando aquí se puede ver un plano de la serie con el contador que digo.
Del debate ni te cuento: con decir que llevan días diciendo que negocian hasta el color de las corbatas o el tamaño de la mesa o qué sé yo: si en un debate eso es importante, pots contar, como dicen en catalán.

Y dejo sin comentar cómo en esos programas de vicio y degeneración abundan los maricones. Porque no sé si me estoy haciendo mayor pero, si bien  no me parece mal que tengan derechos civiles e incluso se casen -allá ellos- sí me parece mal que ahora se hagan llamar gays.
Personajillo de sexualidad alternativa nº 3

sábado, 5 de noviembre de 2011

William Beckford, Excursión a Alcobaça y Batalha

Beckford, William, Excursión a Alcobaça y Batalha (Laertes, Barcelona, 1983)
Ni idea de por qué tenía yo este libro. Quizá porque Beckford es el autor de uno de los grandes cuentos de terror, Vathek, que recogió y prologó Borges en La Biblioteca de Babel de Siruela.
Es éste un libro de viajes como tantos, aunque algo adelantado, que los románticos del centro y norte de Europa -Goethe, Stendhal, Borrow, ...- dedicaron al sur. Quizá el mejor resultado de esa moda que veía en el sur de Europa el espacio romántico por excelencia sea El Archipiélago de Hölderlin, que no es un libro de viajes.
El libro de Beckford relata, con muchos años de posterioridad, un viaje a Portugal en 1794 y muestra el país entre modernidad y tradición representadas, respectivamente, por los marqueses de Pombal y Marialva*. Lo más interesante del texto es la blasfemia, muy del gusto romántico, del inicio del libro: si nos pusiéramos en camino para explorar... el lugar donde don Sebastián dejó sus huesos (si verdad es que reposan en la costa africana y no en el calabozo favorito del rey Felipe)... (p.24). Sabido es en todo Portugal por qué no se podrán encontrar nunca los huesos del rey Sebastián.
La traducción, rozando el escándalo: si bien el traductor sabe decir en la p. 35 al fin plugo al cielo, al llegar a la p. 96 dice todas las especies de pájaros que Dios se plugo crear, con dudosa gramaticalidad; con lo bien que hubiera quedado que a Dios le plugo crear. O el uso del verbo disturbar: si la naturaleza temiese disturbar el sueño (p. 48) y atravesamos muchas galerías disturbando las devociones de algunos viejos monjes (p. 71).
Firma la traducción -lo juro- Luis Antonio de Villena que se permite, además, considerar al autor un antiguo y lejano compañero (p. 16) autosituándose así en la órbita de los poetas malditos sin permiso de Leopoldo María. Enfín...

*El marqués de Marialva fue autor de un tratado sobre el arte de montar a caballo. Sigue llamándose marialva al portugués castizo, al que entiende que la vida consiste en cantar fado, beber vino verde y hablar de caballos y toros.

martes, 1 de noviembre de 2011

Ferran Torrent, No emprenyeu al comissari!

Torrent, Ferran, No emprenyeu el comissari! (Quaderns Crema, Barcelona: 2007 [1ª de 1984]).

¡Qué mal envejece la serie de Toni Butxana leída 25 años después! Ni está ya en Valencia el legendario Barrachina sobre el que gira la novela como lugar de encuentro de los personajes, ni creo que queden -si alguna vez los hubo- esos tipos que parecen más bien sacados del Harlem de las novelas de Chester Himes. Aunque claro, quizá ha sido Valencia la que ha envejecido con sus parques en el cauce viejo del Turia, no sé qué de las ciencias y las artes y hasta un circuito -supongo que sostenible- de Fórmula 1. Aunque visto así, quien ha envejecido no es ni Toni Butxana ni la novela, sino Valencia, que no sé si aún tendrá su tribunal de las aguas (pronúnciese auies) y su Cheperueta.