Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 20 de octubre de 2011

Emily Brontë, Cumbres borrascosas

Bronte, Emily Cumbres borrascosas (Aguilar, Madrid: 1962)
Este verano leí Cumbres borrascosas. Quizá la tenía que haber leído veinte o treinta años antes, no sé, pero hace sólo tres o cuatro meses encontré una edición que me motivara, la de la colección Crisol de Aguilar: como no he encontrado ninguna imagen exclusiva, pongo a la izquierda una que he encontrado con un montón de obras de esa colección en medio de un jardín para que se vea, de paso, lo que se le puede ocurrir a la gente; no sé qué hubiera pasado si, en ese momento, se le hubiera disparado el riego de aspersión.
Bueno, pues como es una edición de los años 60 contiene un largo prólogo, según la moda del tiempo, dedicado a la vida de la autora y, de paso sus hermanas: ya esa vida, con sus estancias en el internado y sus tuberculosis, daría para otra novela.
En cuanto a la obra como tal, bien situada en su tiempo (1847): mira atrás hacia el Romanticismo y de ahí las pasiones exaltadas (amor, odio, venganza) o el mismo título con una borrasca que, en tanto reflejo del alma romántica, pasa por la Canción del pirata de Espronceda (...y del trueno al son violento / y del viento al rebramar...) y llega hasta las visiones del cielo sobre el lago Leman por parte de Rousseau. Pero también mira hacia adelante, hacia el Naturalismo, al menos en lo que se refiere a concebir ciertos personajes -Heathcliff, Hareton, Joseph- como determinados por su medio (ciénagas, páramos...); por ese lado recuerda en cierto modo Los pazos de Ulloa (1886) de la Pardo Bazán o al Blasco Ibáñez de, por ejemplo, Cañas y barro (1902), .
En cuanto a la estructura, la novela contiene una cierta complejidad: el argumento, una historia de amor y venganza, está enmarcado por la llegada y la partida de alguien ajeno a la historia, Lockwood, que alquila una casa a Heathcliff, el dueño de la finca Cumbres borrascosas. Lockwood conocerá toda la historia a partir de la criada que tiene a su disposición, la señora Dean, que conoce a todos los personajes desde que eran pequeños. Así, en diversas sesiones, la señora Dean va narrando esa historia casi siempre desde sus vivencias porque había sido criada de Earnshaw, el propietario inicial de Cumbres borrascosas. Pero cuando la ocasión lo requiere echa mano de otros materiales: como luego pasa a servir a Catherine, hija de Earnshaw, cuando ésta se casa y se muda a otra casa cercana, conoceremos lo que ocurre en Cumbres borrascosas a partir de cartas que alguno de sus moradores envía a la señora Dean o por narraciones que otros personajes le hacen y así, por boca de Isabella conoceremos el fracaso de su matrimonio con Heathcliff, el siguiente propietario de Cumbres borrascosas; del mismo modo será Cathy, la hija huérfana de Catherine, quien cuente a la señora Dean sus amores con Hareton, su primo hermano, que serán completados con la narración de Zillah, la nueva criada de Cumbres borrascosas.
De este modo, todo el material narrativo pasa por la señora Dean, quien lo filtra y lo cuenta a alguien ajeno a la historia, Lockwood. Es como si la autora hubiera metido una novela dentro de otra. De hecho, Cumbres borrascosas es la narración de una narración: lo que se cuenta es que la señora Dean cuenta y Lockwwod escucha. Visto en dos niveles: Emily Bronte me cuenta a mí, lector, una historia que reproduce el esquema, la de la señora Dean narrando y Lockwood ahora no leyendo sino escuchando.

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