Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 28 de enero de 2012

El crack, de José Luis Garci

El crack, José Luis Garci (1981)
El sábado pasado 15 de octubre dieron por la 1 de TVE, dentro del programa Versión española, la película El crack de José Luis Garci. Debe de ser, junto a Apocalypse now y La naranja mecánica, la única película que he visto hasta tres veces mientras que, como contaba aquí no hace mucho, con otras como Matrix me he dormido una y otra vez sin alcanzar nunca el final.
Me gusta la película a pesar de ser de Garci, a quien se ve que dieron un óscar, y la vi a pesar de que la echaban por la 1, esto es, sin intermedios publicitarios que te permitan ir a mear o a lavarte los dientes. La ventaja es que en el programa Versión española, presentado por la prescindible Cayetana Guillén Cuervo que es, o era, que estas cosas nunca se sabe lo que duran, la chati del mismo Garci, han eliminado el coloquio previo a la película. Será que se han dado cuenta de que eso de cinefórum y coloquios suena a los tiempos de la transición con aquel José Luis Balbín.
Ya entrando en tema, impecable Alfredo Landa en su papel de Humphrey Bogart. Porque ese vendría a ser el eje de la película, una fusión de lo típicamente español con la visión que de los USA se tiene a través del cine y, sobre todo, del cine negro: repetidos planos de la Gran Vía de Madrid –diría que de Callao-, que al final de la película tendrán su reflejo en planos paralelos de alguna avenida neoyorquina en los que coincidirán hasta los anuncios luminosos; las repetidas escenas del detective afeitándose en la barbería: no creo que a principios de los 80 la gente se afeitara en la barbería pero esas escenas serían eco de otras como las de mafiosos afeitándose y siendo asesinados en la barbería tanto en El padrino (1, pero cuando se cita El Padrino siempre es la 1) como en la realidad, que fue Albert Anastasia quien murió así en una guerra mafiosa de finales de los 50; el ambiente de boxeo, también propio del cine negro y aquí insertado en plena Gran Vía madrileña; o unas partidas de algo tan típicamente español como el mus que, envueltas entre el humo del tabaco, parecen timbas de póker.

María Casanova
Otros aspectos serían el tono melancólico que recorre toda la película a cargo, sobre todo, de María Casanova en su papel de antiheroína -si no existe la palabra, aquí estoy yo para inventármela- como amante del detective sin derecho a roce. Error gordo del guionista -o quien sea- es que le hagan decir la siguiente frase: Nos tomamos un sandwich antes de ir al cine. ¿Qué mujer española va diciendo eso por la vida? Máxime cuando en otro lugar se ha dicho de un policía que se alimenta de café, tabaco y bocadillos de calamares.
Destacan también esos bigotitos tan españoles de su tiempo que lucen el protagonista u otros personajes. O Miguel Rellán en uno de los papeles de su vida; el otro sería el que hace en El bosque animado.

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