Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 28 de octubre de 2011

Francisco Rico, Problemas del Lazarillo

Rico, Francisco Problemas del «Lazarillo» (Cátedra, Madrid: 1988)
Recopila aquí Paquito artículos desperdigados y que en su mayoría prolongan lo iniciado en La novela picaresca y el punto de vista, es decir y muy resumido, la solidaridad entre anonimia y autobiografía en el Lazarillo, y que no creo haya sido invalidado por la atribución de la obra a Alfonso de Valdés que publicó Rosa Navarro hacia el 2002.
Con la pedantería que suele y a la que no sólo yo creo concederle el derecho -no en vano es el más sabio- entra en cuestiones secundarias y es capaz de alumbrar todo un tratado sobre usos comerciales y financieros en el XVI a propósito de la sisa que Lázaro hace al ciego cuando éste va a recibir limosnas en forma de monedas de una blanca y Lázaro se las mete en la boca y las cambia por otras de media blanca; la sola frase (la moneda) iba de mi cambio aniquilada en la mitad de su justo precio le da pie para explicar toda la normativa sobre conflictos comerciales, letras de cambio, réditos y usura, ...
Tampoco deja de estar mal que le dedique el último artículo a Alfonso Guerra, que por aquellos entonces era un intelectual (por)que leía a Mahler y escuchaba a su paisano Antonio Machado, aquel de soy viajero / a lo largo del sendero y poca cosa más.

lunes, 24 de octubre de 2011

Sangre en la arena: Gadafi y la tauromaquia

No hace ni cuatro días, a propuesta de cuatro tarados incultos de esos que tanto abundan en el nordeste español, se abolieron los toros en Cataluña. Bueno, sólo las corridas de toros porque ellos, ignorantes de cositas tales como que una de las plazas más antiguas de España es la de Olot, creen que las corridas son cosa española; y sólo se prohibieron las corridas porque los martirios taurinos de la zona del Ebro, como son tan catalanes como la Virgen de Monserrat, que de tan catalana es negra, esos espectáculos, digo, sí se valen.
¿Qué tiene que ver eso con Gadafi? Pues nada, que el argumento era lo del martirio del toro, el espectáculo sangriento y lo que siempre han argumentado quienes no ven más allá de sus narices. Y luego resulta que este viernes 21 de octubre, en los telediarios del mediodía, al menos en la 1 y en Antena 3, repitieron una y otra vez la muerte, asesinato, linchamiento o como se quiera llamar a eso, de Gadafi. Y no pasa nada. Y no sé si eso está considerado horario infantil. Y como el telediario es un espacio informativo y esas imágenes eran informativas, formativas y performativas... pues eso.
Suerte que los aficionados a la tauromaquia son gente más civilizada y tienen más seso que el resto de la población precisamente por eso, porque son aficionados a la tauromaquia. Si no, podrían proponer que, del mismo modo que con Gadafi, se podría practicar en la plaza Monumental de Barcelona y retransmitir por televisión una lidia con sus dos picas, sus tres pares de banderillas y su muerte a espada de uno de los artífices de la prohibición, el hijoputa de José Luis Carod Rovira (José Luis sic, que habría que ver con qué nombre lo registraron al nacer máxime fuera de Cataluña). Y luego se saca un primer plano de su cuerpo ensangrentado mientras los caballos lo arrastran fuera de la arena.
Y eso me recuerda una cita de Séneca en la que, criticando el salvajismo del circo romano, dice que quienes más disfrutan allí son las niñas.
Bueno, y la Chacón ya salió rápido a decir que había que aclarar las circunstancias de la muerte de Gadafi, que la Otan no tiene nada que ver. O sea, se monta en Libia una guerra entre tribus -aquí hay un vídeo donde Julio Anguita lo explica con su lucidez habitual- y rápidamente decidimos quiénes son los buenos y quienes son los malos y ya nos ponemos a tirar bombas al que hace cuatro días era colegui de Zapatero y puso su jaima en la Moncloa pero de repente se ha convertido en un superdictador como aquel Idi Amín que se comía a los niños. Más digno fue Felipe: cuando USA bombardeó Libia en el ochenta y pico se negó a que sus aviones sobrevolaran territorio español o se abastecieran en Rota. Y lo de Libia ha sido clavadico a lo de Irak: mucho criticar a Aznar por querer salir en la foto de las Azores e intervenir en la guerra y ahora, lo mismo, venga a instaurar democracia a base de bombas ignorando que, como se está demostrando en Irak, más valía una dictadura que el caos total. Pero a lo mejor lo que pasa, con ese paralelo entre Aznar y Zapatero aficionados a esas guerras, es una cuestión sólo explicable desde la psicología de los pueblos: puede que la cuestión consista en un sustrato atávico por el que desde don Pelayo España esté llamada por la historia a luchar contra los moros; no sólo la Reconquista sino campañas en el norte de África en el XVI (Orán, batalla de Alcazarquivir), la guerra de Marruecos de comienzos del XX... y hasta cabría ahí la no-guerra de Afganistán.
Y a la Chacón un consejito: que se vaya a pasar revista por esos cuarteles a ver si la vuelven a preñar.
Luego lo de imponer la democracia -la pidan o no- por la fuerza de las armas. Me suena que puede ser burda copia de otra idea española, la de imponer la religión a los indios americanos. De ahí aquella cita de una de las crónicas de Indias, no recuerdo si de Bernal Díaz del Castillo o de Francisco López de Gómara, en la que se dice aquello tan bonito de que les quitamos el oro pero qué más quieren si a cambio les enseñamos la religión verdadera. Algo parecido a lo que Pablo Neruda parafraseará después: se llevaron el oro... y nos dejaron las palabras (Confieso que he vivido)
 Por cierto, que no sé cuántas veces habrán pasado hoy por la tele el accidente en el que muere Marco Simoncelli ... En fin, que este mundo es un snuff movie (o como se diga).


jueves, 20 de octubre de 2011

Emily Brontë, Cumbres borrascosas

Bronte, Emily Cumbres borrascosas (Aguilar, Madrid: 1962)
Este verano leí Cumbres borrascosas. Quizá la tenía que haber leído veinte o treinta años antes, no sé, pero hace sólo tres o cuatro meses encontré una edición que me motivara, la de la colección Crisol de Aguilar: como no he encontrado ninguna imagen exclusiva, pongo a la izquierda una que he encontrado con un montón de obras de esa colección en medio de un jardín para que se vea, de paso, lo que se le puede ocurrir a la gente; no sé qué hubiera pasado si, en ese momento, se le hubiera disparado el riego de aspersión.
Bueno, pues como es una edición de los años 60 contiene un largo prólogo, según la moda del tiempo, dedicado a la vida de la autora y, de paso sus hermanas: ya esa vida, con sus estancias en el internado y sus tuberculosis, daría para otra novela.
En cuanto a la obra como tal, bien situada en su tiempo (1847): mira atrás hacia el Romanticismo y de ahí las pasiones exaltadas (amor, odio, venganza) o el mismo título con una borrasca que, en tanto reflejo del alma romántica, pasa por la Canción del pirata de Espronceda (...y del trueno al son violento / y del viento al rebramar...) y llega hasta las visiones del cielo sobre el lago Leman por parte de Rousseau. Pero también mira hacia adelante, hacia el Naturalismo, al menos en lo que se refiere a concebir ciertos personajes -Heathcliff, Hareton, Joseph- como determinados por su medio (ciénagas, páramos...); por ese lado recuerda en cierto modo Los pazos de Ulloa (1886) de la Pardo Bazán o al Blasco Ibáñez de, por ejemplo, Cañas y barro (1902), .
En cuanto a la estructura, la novela contiene una cierta complejidad: el argumento, una historia de amor y venganza, está enmarcado por la llegada y la partida de alguien ajeno a la historia, Lockwood, que alquila una casa a Heathcliff, el dueño de la finca Cumbres borrascosas. Lockwood conocerá toda la historia a partir de la criada que tiene a su disposición, la señora Dean, que conoce a todos los personajes desde que eran pequeños. Así, en diversas sesiones, la señora Dean va narrando esa historia casi siempre desde sus vivencias porque había sido criada de Earnshaw, el propietario inicial de Cumbres borrascosas. Pero cuando la ocasión lo requiere echa mano de otros materiales: como luego pasa a servir a Catherine, hija de Earnshaw, cuando ésta se casa y se muda a otra casa cercana, conoceremos lo que ocurre en Cumbres borrascosas a partir de cartas que alguno de sus moradores envía a la señora Dean o por narraciones que otros personajes le hacen y así, por boca de Isabella conoceremos el fracaso de su matrimonio con Heathcliff, el siguiente propietario de Cumbres borrascosas; del mismo modo será Cathy, la hija huérfana de Catherine, quien cuente a la señora Dean sus amores con Hareton, su primo hermano, que serán completados con la narración de Zillah, la nueva criada de Cumbres borrascosas.
De este modo, todo el material narrativo pasa por la señora Dean, quien lo filtra y lo cuenta a alguien ajeno a la historia, Lockwood. Es como si la autora hubiera metido una novela dentro de otra. De hecho, Cumbres borrascosas es la narración de una narración: lo que se cuenta es que la señora Dean cuenta y Lockwwod escucha. Visto en dos niveles: Emily Bronte me cuenta a mí, lector, una historia que reproduce el esquema, la de la señora Dean narrando y Lockwood ahora no leyendo sino escuchando.

domingo, 16 de octubre de 2011

Vindicación de Patricia Conde

Patricia Conde
De hecho esta entrada es puramente circunstancial y no tiene otro objeto que contestar un comentario que Anónimo hizo el 23 de setiembre en una entrada mía en la que yo ponderaba más que positivamente -no puede ser de otra manera- a Patricia Conde. En concreto, como se ve aquí Anónimo decía literalmente: pues la conde esta muy plana de delantera para mi gusto.
Vale, de acuerdo: cada uno tiene sus gustos y eso puede abarcar el tamaño de los pechos. Ahora bien, decir que la Conde está plana supone decantarse por un tamaño de pecho del tipo del de la conocidísima  estanquera de la película Amarcord (1973) de Federico Fellini:

Fotograma de Amarcord (Federico Fellini)
A lo mejor ésa es la teta ideal para Anónimo aunque a mí me trae a la memoria un conocido dicho: todo lo que la mano no cubre no es teta, es ubre.
Y volviendo a Patricia Conde, de la foto de arriba se sigue que no está plana ni de lejos. Bueno, vale, a lo mejor, como está boca abajo, es ese efecto provocado por la fuerza de la gravedad por el que una mujer parece tener más pecho cuando está encima que cuando está debajo. Pero por si acaso, aún tengo otra foto para mostrar si la niña tiene o no un tamaño más que decente:

Patricia Conde



miércoles, 12 de octubre de 2011

Matrix

Matrix (Hermanos Wachowski, 1999)
Ayer echaron Matrix en el peliculón de la Sexta y anuncian seguir con la trilogía estos próximos lunes. Si no recuerdo mal, era la cuarta vez que me proponía verla hasta el final. Pero tampoco ayer lo conseguí porque me quedé dormido. Eso sí, fue la vez que llegué más lejos, llegué hasta cuando la nave se para porque aparecen unos calamares que están vigilando y a lo de después cuando el malo del traje y gafas de sol está cenando y hablando con uno de los de la tripulación de esa nave. Y algo voy entendiendo poquito a poco.
Lo que he ido entendiendo concretamente es que esa idea ya estaba desarrollada: sin entrar en los indudables paralelos con la película Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997) a partir del cruce entre este mundo y la realidad virtual, la idea es, por supuesto, de origen clásico. Es el mito de la caverna que Platón desarrolla en el libro VII de la República y en el que contrapone el mundo de las sombras en que vivimos con el mundo de las ideas que ni alcanzamos a vislumbrar. Es lo mismo que La vida es sueño de Calderón donde Segismundo, que ha vivido toda la vida preso en una cueva, cree que el mundo no es más que esa cueva. Todo eso se concreta aquí en la oposición entre el mundo aparente en el que vive Neo al principio y que no será más que una recreación virtual, y el mundo real donde las máquinas lo controlan todo y cultivan hombres para poder sustentarse.
Por lo demás la historia es una combinación total entre ciencia ficción y tradición. Del lado de la ciencia ficción, todo lo que se refiere a recreaciones virtuales y cosas así; y alguna deuda que parece tener con Blade Runner (Ridley Scott, 1982) en los paisajes urbanos nocturnos y lluviosos del comienzo o en el edificio donde aparece por vez primera Morfeo.
Del lado de la tradición, todo lo demás: el título latinizante; los nombres de los protagonistas: Neo u hombe nuevo y Morfeo, asociado al sueño del que hará despertar a Neo mostrándole la verdadera realidad; y hasta se podría decir que el personaje femenino, Trinity, cierra la Trinidad; otros nombres como el de Sión, adonde va la nave y, si no entendí mal, es una ciudad subterránea donde se refugian los hombres libres: ni que decir tiene que Sion -de ahí sionista- es uno de los nombres bíblicos de Jerusalén de modo que el recorrido de la nave es como una peregrinación a la ciudad santa; me pareció también entender que la nave se llama Nabucodonosor o similar, pero entonces es irónico porque Nabucodonosor es el rey asirio que conquista Jerusalén y destruye el templo; también parece haber un oráculo, como el griego de Delfos, pero ahí ya no llegué.
La historia, al menos hasta donde yo vi, es también de corte clásico: se presenta el proceso de re-nacimiento y  bautismo de Neo dentro de Matrix (según entendí), primero atado por múltiples cordones umbilicales y envuelto en líquido amniótico, y luego cayendo al agua en un bautismo simbólico de donde va a ser extraído para comenzar el proceso de aprendizaje después del que ya podrá ejercer de héroe. Y la relación Morfeo / Neo oscila entre la relación maestro / discípulo y la relación San Juan Bautista / Jesús, aquello de que viene otro en pos de mí a quien no soy digno de desatar la suela de las sandalias, aquí en plan hacker.
Bueno, pues eso, a ver si algún día puedo llegar hasta el final y completar este análisis.
De todas maneras, me quedó una duda: el lugar donde renace Neo, ¿no es Matrix, el mundo real dominado por las máquinas?; entonces, ¿cómo va a parar a la nave de Morfeo situada -entiendo- en el mundo libre?
Bueno, pero no quiero acabar sin poner una foto de la protagonista femenina, Carrie-Anne Moss, para que se vea cuán verdadero es a veces el topicazo de que una imagen vale más que mil palabras:
Carrie-Anne Moss


sábado, 8 de octubre de 2011

Otras nenas de la Sexta (parte II)

Sara Carbonero
A ver. ¿Cometo algún sacrilegio si digo que a mí Sara Carbonero (Corral de Almaguer [Toledo], 1984) ni fu ni fa. Que está buenilla, sí, vale; los ojos claros, a fuerza de claros se convierten en raros y hasta tiene un toque a Ester Cañadas que, como dijo Torrente cuando la vio en Marbella, de cerca no está tan buena. Aún así hasta hace no tanto era la mujer más deseada por los españoles y supongo se explicaría por el efecto Sudáfrica: al ganar España el Mundial y convertirse Iker Casillas en héroe nacional al españolito de a pie le dio por eso, porque yo me quiero follar a la misma chati que mi héroe.
Sí, ya sé que la Carbonero está en Tele 5 y mi discurso machista se centra más bien en la Sexta. Vale, pues voy a traer a los dos yogurcitos que entraron en Sé lo que hicisteis cuando Pilar Rubio se fue a Tele 5.

Cristina Pedroche
Bueno, pues esta primera es Cristina Pedroche (Madrid, 1988), ya en otra franja de edad que Patricia, Pilar o Berta, más criaturita y más por desbravar. De belleza mucho menos explosiva que Patricia o Pilar pero, en cambio, de rasgos -ojos, color de piel, cabello- más raciales hasta el punto de parecer la versión óptima de la españolita media. La foto, vulgarcita, en posición felina sin convencer: el espectador en ningún momento tiene la impresión de que le va a arañar.


Paula Prendes
Y esta es Paula Prendes (Gijón, 1983) en una buena foto: de frente, con el pelo bastante ordenado y sin poses insinuantes, segura de sí misma y como diciendo:
-Ésta soy yo. Tú verás.
Quizá tiene un toque de misterio en los ojos.
Y yo no sé si a veces los fotógrafos estudian geometría o calculan al milímetro las posturas, pero véase el juego de líneas en la zona derecha de la foto: el brazo izquierdo le cae recto hasta el muslo y esa línea recta va a contrastar con la curva pronunciada -porque la modelo bascula hacia la izquierda- que nace en la parte superior del muslo, pasa por la cadera hasta la cintura y, al llegar ahí, parece atravesar la prenda negra y prolongarse hasta la base del pecho izquierdo.











martes, 4 de octubre de 2011

Enrique IV Trastamara (y Loterías y Apuestas del Estado)

Suárez, Luis Enrique IV de Castilla: la difamación como arma política (Ariel, Barcelona: 2002)
Compré ese libro una mañana de domingo en el mercado de San Antonio de Barcelona porque mira, no sé... Y ya el insigne Gregorio Marañón, ese que tiene una glorieta dedicada en Madrid, en el cruce de María de Molina con la Castellana, me parece, había dedicado una biografía a Enrique IV en la popular colección Austral de Espasa-Calpe.
El libro merece el mismo comentario que merecería una pizza de casa Tarradellas o un polvo con una frígida anoréxica. O sea, que no. La metodología histórica no se le ve mucho, ni presupuestos marxistas ni desde la historia de las mentalidades; va acumulando datos presentados de forma desaboría y liando al lector en medio de las guerras y facciones entre los diversos reinos peninsulares, eso sí, girando una y otra vez alrededor de lo que preocupaba a Gregorio Marañón, que era médico: las supuestas ciclotimia e impotencia del rey.
Un detallito serio. Dice hablando de la guerra de Granada: Todavía en el mes de junio anterior (de 1458) había hecho (Enrique IV) una entrada con fuerzas más reducidas, desde Jaén... Un percance serio de esta campaña fue la muerte de Garcilaso de la Vega, a quien alcanzó una flecha envenenada (163-164). Y poco más adelante: La campaña del mes de junio contra Granada... se cerró con un fracaso y las tristes exequias de Garcilaso de la Vega (186). Vamos a ver: cuando se habla de Garcilaso de la Vega la referencia es clara, es el introductor de la lírica renacentista en España; y muere en la guerra, sí, pero contra Francia al caer de una escala en el asalto a una fortaleza en los alrededores de Niza y en 1536, ochenta años más tarde y en tiempos del emperador Carlos I. No dudo que pudiera haber un homónimo en esa guerra porque el linaje toledano y extremeño Lasso de la Vega es amplio y alcanza lo menos hasta el inca Garcilaso que muere, por cierto, el mismo día que Cervantes. Pero si el muerto en Granada es un antepasado del poeta, el autor tendría que haberlo aclarado por lo dicho, porque Garcilaso de la Vega, por antonomasia, sólo hay uno. Aunque tengo para mí que se ha liado con los nombres y que el que muere ahí no es ningún Garcilaso de la Vega sino algún otro caballero de rancio abolengo.
Y, ¿qué tiene que ver todo lo dicho con las Loterías y Apuestas del Estado? Pues en principio, nada. Sólo que en el libro hay una frase que lleva a la reflexión. Hablando de unas cortes celebradas en Toledo se dice: Los procuradores de las ciudades habían estado discutiendo con el Consejo Real la necesidad de poner freno a las enajenaciones del Patrimonio, porque hacían disminuir las rentas de la Corona obligando a formular nuevas demandas al reino (238). O sea, que en el siglo XV ya hay quien dice que, si el rey vende sus tierras, disminuyen sus rentas y ello obliga a subir impuestos.
Pues la semana pasada se echó atrás, por múltiples causas, la OPV (oferta pública de venta) de la empresa estatal Loterías y Apuestas del Estado. Sólo que esa OPV habría sido la última de una larga cadena que empezó hacia mediados de los 80, en tiempos de Felipe, con Repsol, nombre con el que, para esa OPV, se rebautizó a Enpetrol (Empresa Nacional de Petróleos). Luego siguieron otras muchas: Argentaria, fusión de los bancos con participación estatal (Exterior, Hipotecario...) y que acabó integrado en el BBVA; Iberia, Red Eléctrica Española, Endesa en cierto modo... El proceso es siempre el mismo: la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) vende a los particulares acciones de esas empresas que pasan a cotizar en bolsa. Y sí, muchos pequeños ahorradores se benefician pero también poderosos fondos de inversión españoles y, sobre todo, extranjeros. Se puede decir que la medida, ya digo que inaugurada en el primer gobierno del PSOE, es de todo menos socialista: porque si antes se beneficiaba el Estado -suponiendo que el Estado somos todos- de los resultados de esas empresas ahora ese beneficio ha pasado a algunos particulares. Actualizado lo que se decía en tiempos de Enrique IV: si el Estado enajena su patrimonio pierde rentas y, para recuperarlas, por fuerza habrá de subir la presión fiscal. La medida de vender esas empresas, todas rentables, sólo puede entenderse desde lo de pan para hoy y hambre para mañana. Otra cosa sería que vendiese empresas de ninguna o baja rentabilidad a sociedades de capital riesgo especializadas en reflotarlas, pero no es así.
Por explicarlo con un caso concreto: ahora mismo (13:53 del 4/10/11), Repsol marca 18,785 euros en la bolsa española; a ese precio, la rentabilidad por dividendo es del 5,59%. Piénsese que, de no haber vendido su porcentaje en Repsol, el Estado podría estar cobrando ese dividendo que, a su vez, le serviría para pagar la deuda pública.
Volviendo al libro del título diremos que contiene algún dato interesante: Enrique IV hizo suspender la bárbara costumbre de la exhibición de la sábana (p. 139) en referencia a la noche de bodas; eso abundó en la creencia de que era impotente con los problemas sucesorios que de ello se derivaron. Pero véase  más adelante en relación al matrimonio de los Reyes Católicos: los novios consumaron matrimonio restableciendo la dura costumbre de la sábana (448).
Y como trasfondo del libro aparecen las guerras que enfrentan a facciones nobiliarias con gran protagonismo para los grandes poetas del momento, Santillana y Manrique.