Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 30 de septiembre de 2011

De profundis. Ínsulas y penínsulas

Yo, que odio las fotos


De profundis ad te clamabo... y todo lo demás que diga ese salmo en la versión latina de la Vulgata de san Jerónimo para explicar los días que llevo sin salir por este planeta.
Pues que hace tiempo salió una encuesta que venía a decir que, cuando un hombre acompaña a una mujer a la compra, el máximo tiempo que puede soportar son 45 minutos. Yo, de forma parecida, sólo he podido soportar 20 días en la península, del 10 al 30 de setiembre. Y mal soportados, de ahí lo de clamare de profundis: lo único positivo en esos 20 días, una película que vi a las tantas por La Sexta.3, Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto, que ya había visto y de la que no recordaba nada: muy bien la estética tenebrista y mejor aún la oscilación del personaje interpretado por Andy García entre la pija y la puta para preferir a la última. Ah, bueno, también acabé un novela cuya mayor parte había leído en Menorca, en una piscina de Cala Galdana en plan como al comienzo de la película El graduado: la piscina para mí sólo y yo dejándome llevar metido en un flotador tamaño neumático de camión; ya dedicaré, si me apetece, alguna entrada a esa novela, por lo demás de tipo histórico menorquín, lo del saqueo turco en Ciudadela:  me pareció ver al autor el 7 de setiembre para la fiesta mayor de Mahón frente a la iglesia de la Virgen de Gracia pero no me apeteció ir a saludarle porque mi niño andaba agobiado con tanta gente y tantos caballos y nosotros íbamos a lo nuestro de cada año, al cementerio anexo a ver si todo estaba en orden en nuestro panteón. Nada positivo más en 20 días, si acaso alguna partida de dominó jugada al estilo espectáculo, eso que pones cualquier ficha excepto la que espera que pongas el que te está mirando desde atrás.
Pero por ese camino me di cuenta de que estaba en crisis, porque perdí cinco partidas seguidas con uno de mis compañeros naturales, Pacortega, con el que suelo jugar por telepatía. Ahí vi que lo mejor que podía hacer es sacarme un billete para huir de la península. Lo de menos, las 3 horas de retraso en el aeropuerto de Barcelona la mañana del viernes 30 de setiembre: te suben al avión de Spanair y, cuando las azafatas ya han recitado a lo desaborío las normas de seguridad, te salen con que hay un fallo mecánico y que hay que bajarse del avión. Claro, no vaya ocurrir lo que les ocurrió en Barajas con el avión a Gran Canaria...
Pero bueno, llegar aquí y entender el mundo: como que ayer sábado por la mañana hice lo correcto e incluso me leí el Babelia, el suplemento literario dEl País además del resto del periódico y también el Menorca, la prensa local.  Y hoy he plantado dos plumbagos, pa'que se vea nivel. Y con tanto periódico hasta me enteré de lo que pasa en el mundo, que lo último que sabía es que el Betis era líder en primera división. Me he reído con el último fiasco del gobierno del PSOE aunque podía haberlo cometido también el PP, lo de las Loterías y Apuestas del Estado. Quizá pasadomañana le dedique una entrada.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Relación de la vida y echos de yo el Capitán Miguel Soliveras...

Jabeque
Relación de la vida y echos de yo el Capitán Miguel Soliveras oriundo de esta ciudad de Ciudadela de la ysla de Menorca (Cercle Artístic, Ciutadella de Menorca: 2002)
La única de las publicaciones del Cercle Artístic de Ciudadela que ha llegado a agotarse. Lo que dudo es que alguien haya conseguido leer el texto hasta el final por lo intrincado de la sintaxis, por las dificultades del autor para expresarse en castellano...
Pero es un buen documento para conocer los últimos tiempos del corsarismo menorquín.
Está narrado en forma autobiográfica, en primera persona, y son tales y tantas las anécdotas que le ocurren al autor que cualquier lector puede llegar a dudar de la veracidad del texto: huida de casa a los doce años para alistarse en el ejército, naufragio, huida de Ciudadela porque deja heridos de muerte a dos soldados que han asaltado una casa, tres encarcelamientos de los que huye rocambolescamente, motín a bordo, asalto de bandoleros andaluces...
Interesantes son, sin embargo, los episodios de navegación corsaria aunque, como ocurre en otros textos parecidos, la narración es caótica y tan pronto estamos en Mahón como en Gibraltar, Cartagena de Indias o Túnez sin que se nos hayan explicado las etapas intermedias. Son interesantes las descripciones de muchas acciones corsarias no sólo por la explicación del tipo de barcos o armamento sino porque el mismo autor tratará de reflejarlas en dibujos que acompañan el texto: así el combate del 27 de agosto de 1800 contra los patrones mallorquines Bosch y Coreña en aguas de Córcega.
En resumen, es un texto de interés exclusivo para quienes estén interesados en el corsarismo o la navegación.

(El barco de la imagen es un jabeque. Se caracteriza, como se ve, por la inclinación de los palos de trinquete y mesana hacia proa y popa respectivamente. De origen argelino, será barco utilizado por Soliveras y por otros muchos capitanes corsarios entre los que está mi antepasado directo Francesc Maspoch cuya expedición corsaria, que sale del puerto de Mahón en abril de 1780, se estudia aquí.)

jueves, 22 de septiembre de 2011

David Monteagudo, Fin


Monteagudo, David, Fin (Acantilado, Barcelona: 2009)

Son riesgos que se corren si uno se fía de las críticas literarias.
La novela, teniendo en cuenta que viene de un autor novel en edad madura está bien: tiene su intriguita y su final no resuelto. O resuelto de un modo tópico: la única que se salva de toda la humanidad es la puta, como se salva en Apocalypse now el que se pasa colgado toda la película o en Alien la tía buena cuando la Sigourney estaba buena. Además, con su simbolismo tonto la puta se llama primero María y luego Eva para poder ser la madre de la nueva humanidad aunque no quede claro quién pueda preñarla. (Evito un comentario sobre la sinonimia bíblica entre Eva y María).
Ahora bien. Véanse críticas positivas como la siguiente:
Kiko Amat en el número 392 de Cultura/s, suplemento de la Vanguardia de 23/12/09:
El autor tiene "un raro e intuitivo oído para el diálogo real de la calle. Monteagudo sabe cómo habla la gente". Pues bueno, pero si el autor tuviera ese oído no habría escrito "¿Qué quiere decir que ese tipo asegurara que iba a venir" (p. 210); y ese "tipo" aparece diseminado por la obra incluso junto a un "descuida" con valor de "no te preocupes" que sólo se utiliza en el doblaje de películas USA. Y si diálogo real de la calle es lo de llamar "cari" al "cari" pues apaga y vámonos. Total, que al autor sólo le falta eso tan fucking-USA de preguntar "¿bromeas?", porque hasta usa "emparedados" (277) para bocatas de bimbo inspirándose, seguramente, en los Simpson.

El resto del lenguaje del autor, para no fijarse: en la página 27 clausuran (¡) una casa sin que se entienda qué quiere decir; sin comentarios al "paisaje arbustivo" de la página 151, y sobre el "flanear nervioso de la carne sobrante" (248) diré que si alguna vez "flanear" ha significado algo en castellano no ha tenido nada que ver con "flan" sino con el francés "flâner" (deambular) y así lo usa, por ejemplo, Galdós en el XIX. Tampoco se ve claro que comprenda bien el significado de algunas palabras: "ventana por la que se avizora el paisaje" (157; luego, 295), la vetusta anatomía de un camello (255), ...

Otras críticas positivas aparecen en fragmentos impresos en la cinta que acompañaba al libro cuando lo compré: entre Jordi Llavina también de la Vanguardia y Ricardo Ruiz del Periódico ven ecos, entre otros autores y obras que no conozco, de:

1) Rulfo: ¿será el paisaje? Y si supiera poner icoñitos, aquí pondría uno de estupefacción.

2) El Jarama de Ferlosio: bueno sí, como aquí, en el Jarama unos amigos se van de excursión y muere uno. Pero eso pasa también en la primera narración del mundo occidental, la Ilíada, donde un puñao de coleguis van de excursión a Troya y alguno que otro también muere. Pero sí, si un crítico literario no sabe trazar un paralelo entre dos obras cualesquiera -p.ej. El señor de los anillos y Ana Karenina -es que no sirve para nada. De eso se deduce que a la obra que más se aproxima ésta sin ningún género de dudas es a los Diez negritos de Agatha Christie.

3) El Mecanoscrit del segon origen, que era aquello que pusieron obligatorio en todos los colegios catalanes para intentar demostrar contra evidencia que existe literatura catalana después de Tirante el Blanco. Y sí, se parecen las dos obras en que el mundo ha quedado desierto y sólo quedan una o dos personas. Pero también hay una película, rimeiq de otra anterior, en la que Charlton Heston se pasea con un rifle, como a él le gusta, por un mundo desolado. Y supongo habría otras películas de la misma ralea cuando empezó la moda del "día después", esa que ahora ha tomado la forma de calentamiento global y tontuna sostenible.

Por último: a pesar de lo dicho sobre el lenguaje la novela, a su nivel, está bien. Contiene personajes architópicos como el maricón, el matrimonio en crisis o la separada que no moja, y discusiones no menos tópicas sobre si los moros merecen derechos. En algún blog he leído que no gusta el final porque no se explica la causa de la desaparición de la humanidad, pero para eso ya está Stephen King.

En cuanto a los críticos literarios de los periódicos barceloneses sólo puedo decir que me han demostrado que yo sé bastante más que todos ellos de diseccionar novelas y les recomiendo, para sus pedanterías, que se lean el segundo libro de los Macabeos: cuando sepan compararlo con Chester Himes -es un poner- volveré a leerlos.

Y lo que no entiendo es cómo puede ser que un editor tan fino como Jaume Vallcorba, que ha editado desde lírica francesa hasta Martín de Riquer, se haya decidido a publicar una cosa así.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Josep M. Quintana, Els Nikolaidis

Josep M. Quintana, Els Nikolaidis (Proa, Barcelona: 2006)
Siguiendo la costumbre de leer en Menorca novelas de Menorca, compramos ésta a principios de junio en la librería Pau de Ciudadela.
Es una saga familiar durante la época dorada de Menorca, el XVIII, el tiempo de las dominaciones inglesas y francesa y del corsarismo. Recuerda de lejos otras sagas como Les Rougon-Macquart, Histoire naturelle d'une famille sous le Seconde Empire (1871-1893) de Zola, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez (1967), La casa de los espíritus de Isabel Allende (1982)...
Sobre esa saga familiar, que viene a abarcar tres generaciones, se van articulando líneas temáticas que se pueden entender dispuestas en tres círculos concéntricos:
1º) La social: asistimos al progreso de la familia desde el comercio marítimo, actividades corsarias incluidas, hasta la banca; estamos, pues, ante una burguesía que ha acumulado capital, que se ha consolidado y que adquiere explícitamente conciencia de clase y de su poder (el nostre estament social... ha de ser protagonista d'aquest segle XIX [p.369]) y todo ello con el trasfondo de la revolución francesa que es la que supone el asalto al poder de esa burguesía. Frente a ella va quedando atrás la vieja aristocracia improductiva apegada a la tierra y representada, por ejemplo, por la familia Montcada que, por prejuicios de clase, no va a emparentar con los Nikolaidis e, incapaz de entender los nuevos tiempos, acabará llevada a la ruina y con sus bienes, significativamente, en manos de los Nikolaidis; a otro nivel esa oposición va a ser la ya tradicional entre Mahón, donde se van a abrir calles nuevas como el Cós de Gràcia en la que tiene casa el cónsul ruso, y Ciudadela, encerrada dentro de sa Contramurada; burguesía y aristocracia, por lo demás, se adscribirán a una u otra de las potencias dominantes dependiendo de su manera de entender la libertad de comercio o de culto. En esa dirección, también tiene cierto peso el clero con sus tensiones y conciliábulos, y por ahí esta novela recuerda otra en la que también se analizan las relaciones entre clases sociales aunque un siglo después, La Regenta de Clarín.
2º) La familiar: la primera generación de Nikolaidis forma un núcleo familiar compacto alrededor del matrimonio formado por Iorgos Nikolaidis y Laura Graciano; la pareja llega a superar una prolongada separación, provocada por la guerra, que no deja de recordar, en tanto la familia Nikolaidis procede de Cefalonia y ésta se asocia a Ulises, la de éste y Penélope; el mismo periplo mediterráneo de Ulises tiene aquí su reflejo en el de Iorgos aunque dedicado a las actividades corsarias; y también a su regreso ha de recuperar sus propiedades, confiscadas por los franceses, pero por medios pacíficos y no, como Ulises y Telémaco, matando a los pretendientes. Del matrimonio nacerán cuatro hijas y un hijo cuyos destinos reflejarán en parte lo dicho en el apartado anterior: dejando de lado a Anna, que huye a Inglaterra con un tenor, Maria y Alexandra se casarán felizmente con representantes de la burguesía intelectualmente inquieta, el médico Pere Albertí y el abogado Jacques Renan respectivamente; Elena, la mayor, y Jordi, el menor, fracasarán, cada uno a su manera, en sus matrimonios con representantes de los estamentos tradicionales: Elena verá frustrada su relación con Cristòfol Montcada y habrá de conformarse, a la muerte de su madre, con ocupar el papel de su sustituta al frente de la familia; Jordi, por su lado, será castigado por su mujer Caterina Font a no compartir el tálamo y ver así frustrada su descendencia masculina. Visto así, la saga familiar, en lo que se refiere a la sucesión al frente de los negocios, se va a ver agotada en esta segunda generación.
3º) La personal: si entendemos que el eje temático de la novela es el enraizamiento de la familia en Mahón y sus progresos y éxitos, dos serán los personajes centrales: Iorgos y Jordi Nikolaidis. De hecho, el mismo nombre del hijo, calco catalán del del padre, ya es síntoma de las raíces echadas en Menorca (y anotaremos anecdóticamente que también Cruyff llamó Jordi a su hijo por parecida razón); pero también apunta a esa capacidad proteica e innata de la burguesía de adaptarse a toda situación, y en el mismo sentido Iorgos hace donaciones tanto a la iglesia ortodoxa como a la católica o pasa de la una a la otra. Ambos personajes, por lo demás, tienen recorridos vitales con episodios simétricos: comienzan con el comercio marítimo y sufren la separación de la familia y de Menorca por causa de la guerra; a su regreso, los dos se dedicarán a actividades bancarias, incipientes en el padre (143) y más serias en el hijo (346); y ambos atraviesan episodios de corsarismo, activo el padre y pasivo el hijo, que sufre un ataque más bien de piratería truculentamente resuelto mediante lo que ya Aristóteles llamaba anagnórisis en la Poética. Por lo demás, el progreso personal de los protagonistas está suficientemente marcado a partir de motivos de todo tipo: si dejamos de lado el salto de la propiedad urbana a la rural y nos fijamos, por ejemplo, en los barcos de Iorgos vemos que comienza con un pinc (11); asentado en Mahón tiene tres jabeques (69) con los nombres de su mujer e hijas y además con patrones de los más tradicionales linajes menorquines (Gomila, Sintes, Tudurí) de modo que, en tanto armador, se sitúa por encima de esos linajes; al poco tiene una goleta (74)...; y si saltamos, al final de la novela, a la conversación entre el niño Gabriel y Jordi (457) parece sugerirse que éste ha perdido la cuenta de su fortuna y no conoce ya ni los nombres de sus barcos aun cuando, como su padre, ha llamado a uno, el Caterina del mar, con el nombre de su mujer: -Dius (que és) del gran Nikolaidis? Y por cierto esa escena final en la que se contrapone el éxito económico de Jordi y su fracaso personal al no poder tener heredero tiene en parte su compensación: el niño Gabriel soñando ser grumete apunta circularmente a los inicios del patriarca Iorgos.

Otros aspectos:
A) De equilibrio de la novela: entiendo que hay varios episodios que lo rompen:
1º) El de los delirios místicos y muerte de Amelia (103ss): no sé, parece inspirado o en Santa Teresa o en lo que Gregorio Marañón cuenta del convento de san Plácido de Madrid. No se ve la relación con el resto de la novela a no ser que se pretenda oponer religión y oscurantismo con ciencia e iluminación representadas éstas últimas por el doctor Mercadal, figura que luego prolongará Pere Albertí, y el teniente de Goncourt.
2º) Las recetas (354-357) que explican dos personajes uno de ellos, además, masculino. Ello no aporta nada a la narración y recuerda algún defecto de la primera novela realista como cuando en La Gaviota de la Fernán Caballero la acción se detiene para describir una iglesia o cuando en Peñas arriba de Pereda ocurre lo mismo para explicar la caza del oso. Tanto ahí como aquí son rémoras costumbristas: si se acude a Fortunata y Jacinta de Galdós se verá que al comienzo de la novela un criado acude a la compra, se describe minuciosamente alguna tienda de Madrid y acto seguido se pone en marcha la acción como si el autor estuviera proponiendo la liquidación definitiva del cuadro costumbrista de los Mesonero Romanos o Estébanez Calderón.
3º) La larga carta (331-339) de Jordi Nikolaidis a su padre alabando a Napoleón y su papel de difusor de la revolución francesa. Vuelve a romper el ritmo cuando ya sabíamos que la familia Nikolaidis estaba lo más alejada posible del antiguo régimen. Por lo demás, suena algo a Stendhal y los juicios que ahí se presentan sobre Napoleón parecen elaborados a toro pasado. Quiero decir que creo que en la fecha en que se data la carta no hay la suficiente perspectiva histórica como para elaborar esa valoración de Napoleón. No recuerdo que alguien tan viajado y conocedor de su tiempo como Chateaubriand, que dedica mucho texto a Napoleón en sus Mémoires d'outre-tombe, emita opiniones sobre él con tanta seguridad.
4º) Lo que es y no es una hipoteca: ya sabemos que el autor es registrador de la propiedad pero aún así parece excesiva (228-233) la explicación por boca del notario de la figura jurídica que provoca la ruina de la familia Montcada: con mis olvidadísimos conocimientos de derecho entiendo que con la hipoteca el deudor conserva la posesión y la propiedad del bien hipotecado mientras se mantiene la deuda, y con esa figura, en cambio, el deudor conserva la posesión pero no la propìedad. Creo que todo eso se podría haber explicado más fácilmente.
5º) La hermana huida: no sin cierta ironía diremos que lo mismo que se ha explicado extensamente la figura jurídica anterior, aquí cabría otra explicación sobre la figura del rapto en el derecho o en los usos y costumbres matrimoniales. Pero a lo que vamos es a observar que, si los episodios anteriores nos parece que sobran total o parcialmente, aquí nos parece que falta una explicación de cómo Anna, que huye con un tenor inglés, aparece años más tarde felizmente casada. El autor, por supuesto, tiene derecho a explicar o no y a decidir entre un final feliz o trágico pero, toda vez que en otros episodios roza el folletín, sorprende que aquí esa hermana no reaparezca como arrepentida (en el doble sentido del término siendo el segundo el que cabe bajo el patronazgo de santa María Egipciaca).

B) De episodios excesivamente truculentos: son bastantes las concesiones al folletín cuyos ingredientes (adulterio, chantaje, venganza, incesto...) vienen a ser los mismos que los del culebrón.
1º) Vamos a pasar la muerte, que permitirá a Jordi optar al ayuntamiento de Mahón, de Maties Ponsarnau (368) en brazos de una puta.
2º) Vamos a admitir que en una novela de 450 páginas, por una cuestión de estadística, un adulterio no puede faltar (450). Ese adulterio está justificado narrativamente por el alejamiento progresivo del matrimonio entre Jordi y Caterina, matrimonio ya viciado desde el principio por tener origen en el chantaje, pero el adulterio se exagera al ser casi incestuoso en tanto quienes yacen son concuñados; eso también permitiría adscribir el episodio a otros en los que parece producirse una cierta venganza de la familia Nikolaidis sobre los estamentos tradicionales representados aquí por el marido cornudo.
3º) Hay venganzas que parecen ir más allá de lo que merecería la justicia poética o la lucha de clases entre burguesía y aristocracia: la familia Montcada rechaza a Elena y acaba arruinada y con sus bienes en manos de los Nikolaidis. Algo parecido ocurrirá con Pere Riudavets, que se deja sobornar contra Nikolaidis en las elecciones al ayuntamiento de Mahón y acaba también arruinado y con sus bienes en manos de éste; aunque ese episodio tendrá su segunda parte al vengarse también Riudavets, descubrir el adulterio y provocar el fracaso personal de Jordi sin posibilidad de heredero.
4º) Ya hemos dicho que el matrimonio entre Jordi y Caterina tiene como origen un chantaje (403); pero también una venganza porque Jordi arrebata la hija a quien le ha arrebatado el cargo en el ayuntamiento. Hay otro chantaje más vistoso, el sexual de Elena a Albert Renan, suegro de su hermana, otro casi incesto en potencia (271ss): la causa final es la protección de su padre y así estaría justificado porque Elena va a adquirir el papel de matriarca familiar; ahora bien, no parece que hasta ese momento se haya dotado al personaje de rasgos característicos suficientes -picardía, experiencia sexual, por ejemplo-, para llevar a cabo un chantaje así.

C) Anacronismos y errores históricos: diría que es anacrónica la siguiente frase: una mena d'esportivitat (223). Más claramente lo es: La finca ocupava dos trasts de cinc metres (22) corregido luego con otras medidas: una amplada de trenta vares (64), costen unes tres lliures la cana (152), poques llegües al nord de la ciutat (289). Me suena también a anacrónica la siguiente situación en la iglesia con hombres y mujeres compartiendo asiento: en el segon rengle de cadires... s'hi asseien... el senyor Joan Font, la seva filla Caterina i la vella Nora Vitelli (398-399).
Más complejo es, según entiendo, lo que se cuenta en la p. 242: llega el barco corsario a Mahón y al día siguiente se procede a la venta del botín. De la abundante bibliografía al respecto se deduce que eso no es tan sencillo porque antes ha de haber un proceso por el que la presa capturada ha de ser condemnada, esto es, declarada buena o mala. Dice por ejemplo, la Relación de echos de yo el capitán Miguel Soliveras... (Cercle artístic, Ciutadella, 2002, p. 71): hice dos presas que su valor ascendió a 17.000 duros, pero una de ellas, después de haber sido condenada de buena presa... Dice también Ignacio Martín Jiménez en un artículo, "Corsarios menorquines a finales del Antiguo Régimen", publicado en la Revista de Menorca y cuya ficha bibliográfica no tengo porque el autor me lo envió directamente: la única presa hecha por el barco [el conocido Succés] durante el período en que es armado por Ballester no fue considerada buena. Del mismo modo en ese episodio se dice que tots els mariners han cobrat el sou convingut antes de vender el botín y eso tampoco es así: no hay sueldo convenido sino un porcentaje sobre el botín dependiendo del cargo en el barco de modo que, antes de venderse -o subastarse- el botín, no puede percibirse el sueldo. Sobre el reparto del botín entre la tripulación y la sociedad armadora y también sobre lo anterior puede consultarse la Contribución al estudio del corsarismo menorquín en el Setecientos. El viaje del jabeque "San Antonio de Padua" a las órdenes del capitán Francesc Maspoch (1780) de Juana Francis Pons Vila en la revista Mayurqa, 21 (1985-1987).

D) Una contradicción de sentido: en una acción corsaria Nikolaidis promete: Alli (a Bona) els mariners quedareu en llibertat (84) para después exigir dinero por el rescat de la tripulació (87).

E) Alguna contradicción lingüística: un petit raval (21) frente a l'Arraval de Sant Antoni (22) o la senyora Coloma de sa Raval (28); aunque yo diría que he visto por escrito todas esas formas en textos referidos a lugares que van desde San Felipe hasta Mahón en el bien entendido, claro, que suena igual sa Raval que s'Arraval. Choca esta frase: El pal major del vaixell va trencar-se i també es va rompre el trinquet (82): quizá sea variación sinonímica aunque innecesaria porque en menorquín lo que se espera en ambos casos es rompre y bastaba con utilizar ese verbo una sola vez para los dos palos. Me suena tan raro como me sonaría El gós va prenyar la cussa. Por supuesto la frase es gramatical, que es como llaman los lingüistas a lo que el vulgo denominaría correcto o normativo. Pero dos sinónimos pueden alternar si entre ellos hay variación diastrática, es decir, de registro: Le pidió que viniera y le conminó a que trajera el dinero. En cambio, no pueden alternar si la variación es diatópica, es decir, dialectal: Me llevé a las dos a la cama: primero cogí con María y luego me follé a Elena.

F) Se da un cierto abuso de la construcción sintáctica no sols... ans també (2 veces, por ejemplo, en el primer párrafo de la p. 234).

Hay otras opiniones sobre esta novela en el blog de Maite Salord y en esta página aunque está dedicada a otra novela del autor.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Bosco y Rembrandt

Hemos leído estas dos últimas semanas dos libros de arte de la antigua colección Clásicos del arte de Noguer-Rizzoli. Y leer libros de arte supone también mirarlos, contemplar las láminas, los colores, las luces y las sombras, la disposición de las figuras, las proporciones...: 
1º) La obra pictórica completa de El Bosco (Noguer-Rizzoli, Barcelona, 1968, introducción de D. Buzzati y biografía y estudios críticos de M. Cinotti):
Cara interna del postigo izquierdo del jardín de las Delicias
Extensos comentarios a los cuadros más conocidos del pintor (1453-1516): Trípticos del heno, de las delicias, del juicio de Viena... aun cuando para la interpretación de la compleja simbología se acude, además del psicoanálisis y no en vano se puede entender al bosco como antecedente lejano de la pintura surrealista, a códigos como la alquimia que nos son del todo ajenos y que, a su vez quedan distantes de los que se utilizan para la literatura de la época, el otoño de la Edad Media y el Prerrenacimiento.



2º) La obra pictórica completa de Rembrandt (Noguer-Rizzoli, Barcelona: 1971, introducción de G. Arpino y biografía y estudios críticos de P. Lecaldano):
Sólo abrir el libro nos aparece citada una frase como ésta: es imposible y tal vez hasta blasfemo comentar una obra de arte. Bueno, vale, pero eso se va a convertir en una excusa para comentar luego los cuadros desde aspectos puramente secundarios como las circunstancias históricas, precio en su momento, si aparece firma o no...
A ver si en un cuadro como el de debajo, El rapto de Europa, no se puede hace un comentario sólo del desplazamiento del tema central al ángulo inferior izquierdo. Y de ahí, habida cuenta las coordenadas biográficas del autor (1606-1669), relacionarlo con otras producciones, y no sólo pictóricas, del Barroco.

El rapto de Europa

sábado, 10 de septiembre de 2011

Antología palatina

Antología Palatina, I Epigramas helenísticos (Gredos, Madrid: 1978); Antología Palatina, II La guirnalda de Filipo (Gredos, Madrid: 2004)
Lo que contaba en mi última entrada sobre la nunca bien ponderada Leire Pajín viene a propósito con lo último que he leído, que son esos dos volúmenes de la Biblioteca Clásica Gredos.
Constan de epigramas, esto es, poemas cortos, de no más de 8 versos, compuestos en principio como textos funerarios o acompañando ofrendas para luego derivar a todo tipo de temas. Los dos volúmenes clasifican los epigramas cronológicamente, el primero en el período helenístico y el segundo ya al comienzo del Imperio romano.
Ya decimos que la temática es variada: la inscripción sepulcral para la mujer que muere de parto, para el náufrago, para el héroe caído en combate...; la que acompaña los frutos de la cosecha ofrecidos a los dioses o la primera barba que el joven, como superación de la adolescencia, les ofrece. O descripciones de pinturas y esculturas, exaltación de poetas y otros artistas... O de tema amoroso, desde descripciones de muchachas hasta escenas que abarcan desde el erotismo hasta la obscenidad.
¿Y que tiene que ver Leire Pajín con todo ello? Pues viene a propósito de lo último que he dicho. Ya cuando fue nombrada ministra de sanidad el alcalde de Valladolid habló de sus morritos sugirendo su posible función. Pues varios son los poemas en los que se rechaza el sexo oral por creer que volvía impura la boca e incluso provocaba halitosis. Al respecto, un interesante artículo en una revista de prestigio, Analecta malacitana. Y un poema como ejemplo:
Yo no me fío de nadie aunque sé que hay gente digna de confianza.
Pero entre tantos, por Zeus, si me amas, Pánfilo, no me beses.
(El texto se entiende explicando que la mujer rehúye los besos de Pánfilo porque éste tiene fama de haber practicado el sexo oral. Y al final hay un juego de palabras que se entiende desde el griego: Pán-filo significa el que ama a todas; y el verbo filein significa tanto amar como luego besar de modo que la frase final podría traducirse también con la siguiente contradicción: Pánfilo, el que ama a todas, si me amas no me ames)

martes, 6 de septiembre de 2011

Manuel Vázquez Montalbán, Cancionero general del franquismo, 1939-1975

Vázquez Montalbán, Manuel, Cancionero general del franquismo, 1939-1975 (Crítica: Barcelona: 2000)
Bonito libro del intelectual barcelonés que, bebiendo a la vez de la metodología de la historia de las mentalidades y del marxismo clásico, trata de rastrear la sentimentalidad, la moralidad, la sabiduría convencional en la subcultura de la canción popular que se oye en España en la época del tirano.
El libro es más bien un catálogo de canciones, letra inclusive, de las que, por dar una idea, la primera es Mi jaca (galopa y corta el viento...) y la última el Libertad sin ira que se utilizó como propaganda para que la gente fuera a votar aquello de ruptura o reforma; visto desde otro ángulo recorremos el camino que va desde Quintero, León y Quiroga hasta Serrat o Mari Trini.
Ese catálogo de canciones está clasificado desde dos ángulos, el histórico y el temático. Históricamente sigue la clasificación tradicional del período en dos subperíodos, el autárquico (1939-1954) y lo que llama Hacia la normalización capitalista (1954-1970); y dentro de cada uno de ellos rastrea tres temas, la canción nacional, la testimonial -que refleja fenómenos del momento como el gasógeno- y la sentimental. La parte temática agrupa las canciones en rúbricas como el erotismo, la exaltación de Madrid, la madre, la tipología femenina...
Dejamos como muestra de los dos extremos de ese eje temporal, dos canciones, Ojos verdes cantada, por supuesto, por Concha Piquer, y Cuando me acaricias de la malograda Mari Trini: 







viernes, 2 de septiembre de 2011

Otras nenas de la Sexta (parte I)

Pilar Rubio
Ni que decir tiene que, aparte de Patricia Conde, por la Sexta han pasado y siguen pasando otras muchas niñas muy bien diseñadas y acabadas. Ahí está por ejemplo Pilar Rubio (Madrid, 1978), otra de esas hembras totales. Para mí Patricia Conde sigue siendo la primera pero hay que reconocerle a Pilar Rubio desde el color de ojos hasta esa piel blanca que aquí se explota en contraste con las prendas negras. Aparte, por supuesto, las proporciones perfectas y el tamaño de los pechos, ideal para presentar los más sugestivos escotes.
Otra foto en zigzag como la que presentábamos de Patricia Conde: pierna y brazo izquierdos paralelos entre sí y, a su vez, con la cara; cuerpo en oblicuo y paralelo al brazo derecho; y pierna derecha en ángulo recto con el brazo derecho. Pero quizá el mayor mérito de la foto consiste en presentar la cara en el plano más inmediato al espectador y, en el más lejano, por inalcanzable, el chochito.

Berta Collado
Y ahí está Berta Collado (Talavera de la Reina, 1979), junto a Patricia Conde y Pilar Rubio, que luego se fue a Tele 5, otra de las chicas de Sé lo que hicisteis. Con ella ya estamos ante otra categoría de mujer mucho menos explosiva sin que ello suponga negarle méritos. Pero quien le haya hecho esa foto es un zafio: porque casi se ve recta la línea derecha del cuerpo; porque habrá otra manera de sugerir el volumen de los pechos que no sea ésa de aplastárselos con el brazo; y los zapatitos no digamos.
Berta Collado
Como que voy a poner otra fotito para hacerle justicia. Me atrevería a decir que en ésta, con mirada y pose mucho más naturales, se consigue sugerir más enseñando menos e incluso escondiendo: la rodilla derecha tapa el escote y las líneas de brazos y piernas se cruzan frente al punto crítico como si fueran cuatro barreras que habría que franquear para alcanzarlo.
Y lo del pelo al viento -o al ventilador- lo supongo inspirado en la Venus de Botticelli o en aquellos versos del soneto XXIII de Garcilaso dedicados a la mujer rubia que se ajará con el paso del tiempo:
...el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena