Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 18 de septiembre de 2011

Josep M. Quintana, Els Nikolaidis

Josep M. Quintana, Els Nikolaidis (Proa, Barcelona: 2006)
Siguiendo la costumbre de leer en Menorca novelas de Menorca, compramos ésta a principios de junio en la librería Pau de Ciudadela.
Es una saga familiar durante la época dorada de Menorca, el XVIII, el tiempo de las dominaciones inglesas y francesa y del corsarismo. Recuerda de lejos otras sagas como Les Rougon-Macquart, Histoire naturelle d'une famille sous le Seconde Empire (1871-1893) de Zola, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez (1967), La casa de los espíritus de Isabel Allende (1982)...
Sobre esa saga familiar, que viene a abarcar tres generaciones, se van articulando líneas temáticas que se pueden entender dispuestas en tres círculos concéntricos:
1º) La social: asistimos al progreso de la familia desde el comercio marítimo, actividades corsarias incluidas, hasta la banca; estamos, pues, ante una burguesía que ha acumulado capital, que se ha consolidado y que adquiere explícitamente conciencia de clase y de su poder (el nostre estament social... ha de ser protagonista d'aquest segle XIX [p.369]) y todo ello con el trasfondo de la revolución francesa que es la que supone el asalto al poder de esa burguesía. Frente a ella va quedando atrás la vieja aristocracia improductiva apegada a la tierra y representada, por ejemplo, por la familia Montcada que, por prejuicios de clase, no va a emparentar con los Nikolaidis e, incapaz de entender los nuevos tiempos, acabará llevada a la ruina y con sus bienes, significativamente, en manos de los Nikolaidis; a otro nivel esa oposición va a ser la ya tradicional entre Mahón, donde se van a abrir calles nuevas como el Cós de Gràcia en la que tiene casa el cónsul ruso, y Ciudadela, encerrada dentro de sa Contramurada; burguesía y aristocracia, por lo demás, se adscribirán a una u otra de las potencias dominantes dependiendo de su manera de entender la libertad de comercio o de culto. En esa dirección, también tiene cierto peso el clero con sus tensiones y conciliábulos, y por ahí esta novela recuerda otra en la que también se analizan las relaciones entre clases sociales aunque un siglo después, La Regenta de Clarín.
2º) La familiar: la primera generación de Nikolaidis forma un núcleo familiar compacto alrededor del matrimonio formado por Iorgos Nikolaidis y Laura Graciano; la pareja llega a superar una prolongada separación, provocada por la guerra, que no deja de recordar, en tanto la familia Nikolaidis procede de Cefalonia y ésta se asocia a Ulises, la de éste y Penélope; el mismo periplo mediterráneo de Ulises tiene aquí su reflejo en el de Iorgos aunque dedicado a las actividades corsarias; y también a su regreso ha de recuperar sus propiedades, confiscadas por los franceses, pero por medios pacíficos y no, como Ulises y Telémaco, matando a los pretendientes. Del matrimonio nacerán cuatro hijas y un hijo cuyos destinos reflejarán en parte lo dicho en el apartado anterior: dejando de lado a Anna, que huye a Inglaterra con un tenor, Maria y Alexandra se casarán felizmente con representantes de la burguesía intelectualmente inquieta, el médico Pere Albertí y el abogado Jacques Renan respectivamente; Elena, la mayor, y Jordi, el menor, fracasarán, cada uno a su manera, en sus matrimonios con representantes de los estamentos tradicionales: Elena verá frustrada su relación con Cristòfol Montcada y habrá de conformarse, a la muerte de su madre, con ocupar el papel de su sustituta al frente de la familia; Jordi, por su lado, será castigado por su mujer Caterina Font a no compartir el tálamo y ver así frustrada su descendencia masculina. Visto así, la saga familiar, en lo que se refiere a la sucesión al frente de los negocios, se va a ver agotada en esta segunda generación.
3º) La personal: si entendemos que el eje temático de la novela es el enraizamiento de la familia en Mahón y sus progresos y éxitos, dos serán los personajes centrales: Iorgos y Jordi Nikolaidis. De hecho, el mismo nombre del hijo, calco catalán del del padre, ya es síntoma de las raíces echadas en Menorca (y anotaremos anecdóticamente que también Cruyff llamó Jordi a su hijo por parecida razón); pero también apunta a esa capacidad proteica e innata de la burguesía de adaptarse a toda situación, y en el mismo sentido Iorgos hace donaciones tanto a la iglesia ortodoxa como a la católica o pasa de la una a la otra. Ambos personajes, por lo demás, tienen recorridos vitales con episodios simétricos: comienzan con el comercio marítimo y sufren la separación de la familia y de Menorca por causa de la guerra; a su regreso, los dos se dedicarán a actividades bancarias, incipientes en el padre (143) y más serias en el hijo (346); y ambos atraviesan episodios de corsarismo, activo el padre y pasivo el hijo, que sufre un ataque más bien de piratería truculentamente resuelto mediante lo que ya Aristóteles llamaba anagnórisis en la Poética. Por lo demás, el progreso personal de los protagonistas está suficientemente marcado a partir de motivos de todo tipo: si dejamos de lado el salto de la propiedad urbana a la rural y nos fijamos, por ejemplo, en los barcos de Iorgos vemos que comienza con un pinc (11); asentado en Mahón tiene tres jabeques (69) con los nombres de su mujer e hijas y además con patrones de los más tradicionales linajes menorquines (Gomila, Sintes, Tudurí) de modo que, en tanto armador, se sitúa por encima de esos linajes; al poco tiene una goleta (74)...; y si saltamos, al final de la novela, a la conversación entre el niño Gabriel y Jordi (457) parece sugerirse que éste ha perdido la cuenta de su fortuna y no conoce ya ni los nombres de sus barcos aun cuando, como su padre, ha llamado a uno, el Caterina del mar, con el nombre de su mujer: -Dius (que és) del gran Nikolaidis? Y por cierto esa escena final en la que se contrapone el éxito económico de Jordi y su fracaso personal al no poder tener heredero tiene en parte su compensación: el niño Gabriel soñando ser grumete apunta circularmente a los inicios del patriarca Iorgos.

Otros aspectos:
A) De equilibrio de la novela: entiendo que hay varios episodios que lo rompen:
1º) El de los delirios místicos y muerte de Amelia (103ss): no sé, parece inspirado o en Santa Teresa o en lo que Gregorio Marañón cuenta del convento de san Plácido de Madrid. No se ve la relación con el resto de la novela a no ser que se pretenda oponer religión y oscurantismo con ciencia e iluminación representadas éstas últimas por el doctor Mercadal, figura que luego prolongará Pere Albertí, y el teniente de Goncourt.
2º) Las recetas (354-357) que explican dos personajes uno de ellos, además, masculino. Ello no aporta nada a la narración y recuerda algún defecto de la primera novela realista como cuando en La Gaviota de la Fernán Caballero la acción se detiene para describir una iglesia o cuando en Peñas arriba de Pereda ocurre lo mismo para explicar la caza del oso. Tanto ahí como aquí son rémoras costumbristas: si se acude a Fortunata y Jacinta de Galdós se verá que al comienzo de la novela un criado acude a la compra, se describe minuciosamente alguna tienda de Madrid y acto seguido se pone en marcha la acción como si el autor estuviera proponiendo la liquidación definitiva del cuadro costumbrista de los Mesonero Romanos o Estébanez Calderón.
3º) La larga carta (331-339) de Jordi Nikolaidis a su padre alabando a Napoleón y su papel de difusor de la revolución francesa. Vuelve a romper el ritmo cuando ya sabíamos que la familia Nikolaidis estaba lo más alejada posible del antiguo régimen. Por lo demás, suena algo a Stendhal y los juicios que ahí se presentan sobre Napoleón parecen elaborados a toro pasado. Quiero decir que creo que en la fecha en que se data la carta no hay la suficiente perspectiva histórica como para elaborar esa valoración de Napoleón. No recuerdo que alguien tan viajado y conocedor de su tiempo como Chateaubriand, que dedica mucho texto a Napoleón en sus Mémoires d'outre-tombe, emita opiniones sobre él con tanta seguridad.
4º) Lo que es y no es una hipoteca: ya sabemos que el autor es registrador de la propiedad pero aún así parece excesiva (228-233) la explicación por boca del notario de la figura jurídica que provoca la ruina de la familia Montcada: con mis olvidadísimos conocimientos de derecho entiendo que con la hipoteca el deudor conserva la posesión y la propiedad del bien hipotecado mientras se mantiene la deuda, y con esa figura, en cambio, el deudor conserva la posesión pero no la propìedad. Creo que todo eso se podría haber explicado más fácilmente.
5º) La hermana huida: no sin cierta ironía diremos que lo mismo que se ha explicado extensamente la figura jurídica anterior, aquí cabría otra explicación sobre la figura del rapto en el derecho o en los usos y costumbres matrimoniales. Pero a lo que vamos es a observar que, si los episodios anteriores nos parece que sobran total o parcialmente, aquí nos parece que falta una explicación de cómo Anna, que huye con un tenor inglés, aparece años más tarde felizmente casada. El autor, por supuesto, tiene derecho a explicar o no y a decidir entre un final feliz o trágico pero, toda vez que en otros episodios roza el folletín, sorprende que aquí esa hermana no reaparezca como arrepentida (en el doble sentido del término siendo el segundo el que cabe bajo el patronazgo de santa María Egipciaca).

B) De episodios excesivamente truculentos: son bastantes las concesiones al folletín cuyos ingredientes (adulterio, chantaje, venganza, incesto...) vienen a ser los mismos que los del culebrón.
1º) Vamos a pasar la muerte, que permitirá a Jordi optar al ayuntamiento de Mahón, de Maties Ponsarnau (368) en brazos de una puta.
2º) Vamos a admitir que en una novela de 450 páginas, por una cuestión de estadística, un adulterio no puede faltar (450). Ese adulterio está justificado narrativamente por el alejamiento progresivo del matrimonio entre Jordi y Caterina, matrimonio ya viciado desde el principio por tener origen en el chantaje, pero el adulterio se exagera al ser casi incestuoso en tanto quienes yacen son concuñados; eso también permitiría adscribir el episodio a otros en los que parece producirse una cierta venganza de la familia Nikolaidis sobre los estamentos tradicionales representados aquí por el marido cornudo.
3º) Hay venganzas que parecen ir más allá de lo que merecería la justicia poética o la lucha de clases entre burguesía y aristocracia: la familia Montcada rechaza a Elena y acaba arruinada y con sus bienes en manos de los Nikolaidis. Algo parecido ocurrirá con Pere Riudavets, que se deja sobornar contra Nikolaidis en las elecciones al ayuntamiento de Mahón y acaba también arruinado y con sus bienes en manos de éste; aunque ese episodio tendrá su segunda parte al vengarse también Riudavets, descubrir el adulterio y provocar el fracaso personal de Jordi sin posibilidad de heredero.
4º) Ya hemos dicho que el matrimonio entre Jordi y Caterina tiene como origen un chantaje (403); pero también una venganza porque Jordi arrebata la hija a quien le ha arrebatado el cargo en el ayuntamiento. Hay otro chantaje más vistoso, el sexual de Elena a Albert Renan, suegro de su hermana, otro casi incesto en potencia (271ss): la causa final es la protección de su padre y así estaría justificado porque Elena va a adquirir el papel de matriarca familiar; ahora bien, no parece que hasta ese momento se haya dotado al personaje de rasgos característicos suficientes -picardía, experiencia sexual, por ejemplo-, para llevar a cabo un chantaje así.

C) Anacronismos y errores históricos: diría que es anacrónica la siguiente frase: una mena d'esportivitat (223). Más claramente lo es: La finca ocupava dos trasts de cinc metres (22) corregido luego con otras medidas: una amplada de trenta vares (64), costen unes tres lliures la cana (152), poques llegües al nord de la ciutat (289). Me suena también a anacrónica la siguiente situación en la iglesia con hombres y mujeres compartiendo asiento: en el segon rengle de cadires... s'hi asseien... el senyor Joan Font, la seva filla Caterina i la vella Nora Vitelli (398-399).
Más complejo es, según entiendo, lo que se cuenta en la p. 242: llega el barco corsario a Mahón y al día siguiente se procede a la venta del botín. De la abundante bibliografía al respecto se deduce que eso no es tan sencillo porque antes ha de haber un proceso por el que la presa capturada ha de ser condemnada, esto es, declarada buena o mala. Dice por ejemplo, la Relación de echos de yo el capitán Miguel Soliveras... (Cercle artístic, Ciutadella, 2002, p. 71): hice dos presas que su valor ascendió a 17.000 duros, pero una de ellas, después de haber sido condenada de buena presa... Dice también Ignacio Martín Jiménez en un artículo, "Corsarios menorquines a finales del Antiguo Régimen", publicado en la Revista de Menorca y cuya ficha bibliográfica no tengo porque el autor me lo envió directamente: la única presa hecha por el barco [el conocido Succés] durante el período en que es armado por Ballester no fue considerada buena. Del mismo modo en ese episodio se dice que tots els mariners han cobrat el sou convingut antes de vender el botín y eso tampoco es así: no hay sueldo convenido sino un porcentaje sobre el botín dependiendo del cargo en el barco de modo que, antes de venderse -o subastarse- el botín, no puede percibirse el sueldo. Sobre el reparto del botín entre la tripulación y la sociedad armadora y también sobre lo anterior puede consultarse la Contribución al estudio del corsarismo menorquín en el Setecientos. El viaje del jabeque "San Antonio de Padua" a las órdenes del capitán Francesc Maspoch (1780) de Juana Francis Pons Vila en la revista Mayurqa, 21 (1985-1987).

D) Una contradicción de sentido: en una acción corsaria Nikolaidis promete: Alli (a Bona) els mariners quedareu en llibertat (84) para después exigir dinero por el rescat de la tripulació (87).

E) Alguna contradicción lingüística: un petit raval (21) frente a l'Arraval de Sant Antoni (22) o la senyora Coloma de sa Raval (28); aunque yo diría que he visto por escrito todas esas formas en textos referidos a lugares que van desde San Felipe hasta Mahón en el bien entendido, claro, que suena igual sa Raval que s'Arraval. Choca esta frase: El pal major del vaixell va trencar-se i també es va rompre el trinquet (82): quizá sea variación sinonímica aunque innecesaria porque en menorquín lo que se espera en ambos casos es rompre y bastaba con utilizar ese verbo una sola vez para los dos palos. Me suena tan raro como me sonaría El gós va prenyar la cussa. Por supuesto la frase es gramatical, que es como llaman los lingüistas a lo que el vulgo denominaría correcto o normativo. Pero dos sinónimos pueden alternar si entre ellos hay variación diastrática, es decir, de registro: Le pidió que viniera y le conminó a que trajera el dinero. En cambio, no pueden alternar si la variación es diatópica, es decir, dialectal: Me llevé a las dos a la cama: primero cogí con María y luego me follé a Elena.

F) Se da un cierto abuso de la construcción sintáctica no sols... ans també (2 veces, por ejemplo, en el primer párrafo de la p. 234).

Hay otras opiniones sobre esta novela en el blog de Maite Salord y en esta página aunque está dedicada a otra novela del autor.

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