Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 24 de julio de 2011

Benito Pérez Galdós, La corte de Carlos IV

Pérez Galdós, Benito, La corte de Carlos IV (Hernando, Madrid: 1961)
Llevo años intentando completar la colección de los episodios nacionales de Galdós editados por Hernando con la bandera nacional en la portada sea la que ahí aparece sea la de la segunda república en ediciones de los primeros años 30. Hoy día le puedo dar un acelerón a la colección por la facilidad con que se pueden conseguir en la plataforma Iberlibro.com.
Pero una cosa es comprarlos y otra leerlos lo que me lleva a la reflexión de que algún día el Ministerio de Cultura podría sacar una estadística que reflejara la ratio entre libros vendidos y libros efectivamente leídos. Sí, ya sé que es imposible y que además un libro puede leerse dos o más veces.
A lo que iba: que no sólo compro estos libros sino que además me he propuesto leerlos. La cuestión es que los episodios nacionales son 46 y éste es el segundo.

El tema es sabido, más que novela histórica, mezcla de novela e historia o la utilización de una trama narrativa para explicar la historia del XIX de modo que sirva como experiencia para evitar caer después en los mismos errores.
Los episodios nacionales están ordenados cronológicamente en cinco series cada una de ellas con un narrador-protagonista diferente. Aquí es Gabrielillo, el mismo del episodio anterior, Trafalgar, que, tras la batalla, busca acomodo en Madrid.
En el plano histórico de la novela estarán de un lado los personajes y circunstancias políticas del momento: las intrigas cortesanas con una conspiración del príncipe Fernando contra su padre Carlos IV, Godoy dominando la escena política, Napoleón acechando. De otro lado, figuras históricas de otros ámbitos entrarán en contacto con Gabrielillo y participarán en la trama novelesca: el actor Isidoro Máiquez, Leandro Fernández de Moratín, Goya...
En el plano novelesco en cambio... Dista tanto del Trafalgar que ambos episodios parecen obra de autores diferentes. Porque un argumento como el que se narra difícilmente tiene cabida en un texto con pretensiones históricas. Es tan rocambolesco... De un lado sí, se refleja el ambiente de los salones privados madrileños en el momento en que florecían tertulias tales como la de la fonda de San Sebastián, pero a partir de ahí se teje una trama mucho más propia de las comedias de enredo: en esquema, A está enamorado de B, que a su vez lo está de C... a lo que se añaden los celos correspondientes, una carta de amor que va a parar donde no debe...
Además de otro detalle de folletín: Gabrielillo está enamorado de Inesilla. Ésta vive pobremente con su madre, costurera, que morirá, y un tío cura que lleva años esperando destino. Hasta ahí reconocemos al verdadero Galdós porque estamos ante ambientes como los de Misericordia o personajes como el cesante de Miau. Pero de pronto resulta que Inesilla no es hija de quien cree síno de una señora noble de los salones anteriores que la tuvo de soltera y la expuso. Sí, ocurre en una de las novelas ejemplares de Cervantes, La gitanilla: de ella se enamora un noble y al final se sabrá que no era gitana sino también hija de una noble y podremos asistir a un matrimonio entre iguales. Es episodio típico de la novela llamada bizantina y por eso no queremos afirmar taxativamente que Galdós calque a Cervantes, pero es sabida la deuda del uno para con el otro, sabida y necesaria porque casi se puede decir que en el tramo temporal que va del uno al otro no hay más narrador en España, pero de ahí a intercalar algo tan truculento en una novela de intención histórica...
Hay otro episodio con claros antecedentes clásicos: en esos salones aristocráticos se va a representar Otelo y precisamente la puesta en escena va a permitir que el actor principal descubra la infidelidad de la actriz que actúa como su esposa de modo que está a punto de matarla no como ha de ocurrir en escena sino realmente. Algo muy parecidó está precisamente en Hamlet donde el fratricidio se descubre justamente a partir de una representación teatral.
Lo dicho: Galdós es el máximo exponente de la novela realista. Es de suponer que la novela de pretensiones históricas aún ha de gozar de mayor verosimilitud. Pero en es esta obra ocurre justamente lo contrario.

He encontrado, mientras buscaba la imagen para ilustrar esta entrada, otras opiniones sobre la obra aquí y aquí.

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