Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 2 de junio de 2011

Laura y Clara: Dando vueltas al atajo, XLIX

A todo esto, ya es martes, mañana habéis vuelto a quedar, en su casa, y aún no has contado lo del fin de semana. Y lo quieres explicar porque vas a dejar de escribir de una vez y quieres hacerlo como te explicaron en el colegio que se hacía con las redacciones, con una conclusión.
Le hiciste una propuesta sencilla el sábado mientras desayunabais en el jardín. Hacía un solecito dulce y anunciaba un día precioso. Una mañana en la que se te despierta el apetito y no sólo de tostadas con mermelada. Le propusiste que, en vez que quedar los fines de semana a una hora u otra en su casa o en la tuya, os reuniérais directamente el viernes por la tarde: si este fin de semana pasado estabais en tu casa, el próximo tú acudirías a la suya a última hora de la tarde del viernes y haríais vida juntas hasta el lunes por la mañana; y el otro fin de semana, al revés, en tu casa. En total, tres noches seguidas juntas. Parece lo mismo que lo que veníais haciendo pero no lo es: así ya dabais por sentado que, en adelante, todos los fines de semana los pasaríais juntas. Y te daba igual que se diera cuenta de que la querías tener bien amarradita porque eso era lo que querías descaradamente, que no se perdiera por ahí ni un viernes ni un sábado. Y si hubiera necesitado que se lo dijeras más claro le habrías dicho que su espacio natural era a tu lado.
Tampoco ella se quedó corta. Se levanta de repente, sube a la habitación y baja con un paquetito:
-¿Qué me has traído?
-Mi contestación definitiva a lo de dónde y con quién quiero estar dentro de diez años.
Y saca de un estuche un libro gordo en francés y de la misma colección que El conde de Montecristo que tú le regalaste la última vez que fuiste a Francia. Un volumen de las obras completas de Zola:
-¿Y qué tiene que ver el libro con lo que hagamos dentro de diez años?
-Pues que lo dejaré en la habitación en la mesita de noche de mi lado para irlo leyendo despacito cuando no estés o hagas la siesta.
-Así no acabarás nunca de leerlo.
-De eso se trata, de que seguirá inacabado dentro de diez años porque entre el libro y tú es fácil escoger...
Mira que hace las cosas complicadas. Con decirte que quería estar contigo el resto de la vida y haberlo sellado con un beso... Luego te salió con algo que ni recordabas, con que el día que estuvisteis en Montpellier le recomendaste ese libro contra las depresiones. Eso fue el día antes de la primera vez pero te gustó el detalle de que volviera a los alrededores de vuestra primera vez. Alguna vez te ha pasado por la cabeza la cuestión de qué habría ocurrido entonces si, cuando te pusiste frente al espejo detrás de ella para seducirla, te hubiera rechazado con un bofetón o un pero tú qué te has creído. No fue así y en eso se basa toda vuestra alegría actual. Además, aún no sabes, ni hace falta ya saberlo, si aquel día lo que necesitabas era desfogarte o desfogarte con ella. Hoy sí lo sabes: ella es la persona con la que más placer has sentido y piensas sentir.
Estabas mirándola y dejaste en el plato la tostada con mermelada que estabas comiendo. Le estabas escuchando lo que siempre habías esperado, un plan de futuro juntas. Tú necesitas mucho menos que eso para ponerte tierna y aún tienes dentro todas las sensaciones del instante: su mirada, la mermelada, el olor de la hierba, el solecito, las ganas de vivir, el fin de semana por delante con vuestros cuerpos en tensión, las ganas de entregarte, de sentir placer y regalárselo... En ese momento te habrías levantado, la habrías tumbado en el suelo, sobre el césped, y allí mismo hubieras dejado de ser responsable de tus actos. Pero preferiste empezar en plan cariñoso:
-Anda, ven aquí.
Se sienta en tu falda y os miráis, os acariciáis, os besáis. Y así empezó de verdad un fin de semana que iba del cariño al placer y del placer al cariño.
-¿Fregamos los platos y nos bañamos?
Esa fue la primera vez. Entra en la bañera, apoya la cabeza en la repisa, entras tú y, en vez de ponerte de frente, te sientas de espaldas a ella y apoyas la cabeza en su hombro y la espalda en sus pechos. Diez minutos o más quietas y calladas, sólo respirando bajo la espuma, y le pides descaradamente que te lo haga:
-Hazme algo, porfa. Despacito.
Como que te puso ninfómana. El mejor momento, cuando te aparta el dedo y se pone que si un te quiero detrás de la oreja derecha y otro te quiero en la izquierda. Pero el eco lo sentías abajo, era como una vibración que te atravesara en canal y te resonara ahí mismo. Si hubiera seguido con esos te quiero, seguro que te llevaba hasta el final sin siquiera tocarte. Pero sabías que ella estaba tan encendida como tú o más:
-Llévame ya, que me muero de ganas de chuparte.
-Pues entonces, dime tú que me quieres.
-Clara, tía, te quiero, pero no me tengas así en tensión.
-Yo también, Laura, Nunca he querido a nadie más de lo que te quiero a ti.
Mientras te volvía a acariciar. Ante una frase así, te sentiste a punto y giraste la cabeza en una postura imposible:
-Pues entonces, dame la lengua, que me voy.
Y te fuiste con su te quiero en corazón, en la cabeza y entre las piernas. Y la mitad del agua de la bañera por el suelo del cuarto de baño.
-Ya friego luego. Ahora, sólo abrázame.
Tampoco vas a detallarlo todo con pelos y señales pero lo mejor de todo el fin de semana vino inmediatamente después de la bañera, durante la chupadita. Estás tú encima, las dos bien entregadas, se pone ella a recorrerte con la lengua una y otra vez desde el puntito hasta el umbral y en uno de esos recorridos pasa de largo del umbral, sigue, sigue, te clava las uñas, paras porque intuyes lo que va a hacer, apoyas tu mejilla en su pierna, te besa con los labios donde nadie te ha besado y luego te pasa una y otra vez la lengua. No sabes explicarlo pero te sentías muy bien:
-Ahora te quiero aún más.
-¿Más que cuando?
-Más que ahora mismo.
-¿Por ese beso?
-Sí, porque nadie me lo ha dado y porque nadie más me lo va a dar. Y como quiero que tú también me quieras más, ya te estás poniendo.
Cualquiera que te lea pensará que eso es una cochinada. Pero le vas a aclarar lo primero que vosotras dos limpias lo sois un rato y antes de poneros os ducháis siempre aunque ni sería necesario. Y cuando os chupáis lo que encontráis es sólo vuestro sabor, que es el mejor posible. Lo máximo cuando haciéndolo sudáis por los sofocos: conoces el olor de su sudor y te gusta como te gusta recogérselo con la lengua de la misma manera que le has recogido las lágrimas las veces que se te ha puesto tonta. Además, el besaros ahí, donde la gente no se suele besar, lo entendiste, y ella también, como la última barrera, como que a partir de ahí no sabéis qué más podréis entregaros.
Sin embargo, le tuviste que insistir para que se dejara besar. Y por supuesto que se dejó. Como un jueguecito: si no le hubieras pedido que se pusiera no habría dicho nada pero se lo habría tomado a mal. Para ella, y para ti, su beso era una demostración de amor, de que te quería no sólo con palabras. Al final busca la postura. Monísima, a cuatro patas y con las piernas bien separadas. Te sitúas detrás y la miras: monísima y graciosa, que parecía una rana y estaba como para hacerle una foto y ponértela de fondo de pantalla aquí en el portátil.
Le empezaste a dar mordisquitos primero suaves y luego ya clavándole los dientes, que ella también te había dejado las uñas marcadas. Se pone más cómoda, con los brazos flexionados sobre la cama y la cabeza de lado apoyada encima:
-Me gusta.
La besas con ruido y empiezas a pasarle la lengua una y otra vez.
-¿Sabes qué? Que yo también te quiero más con este beso dulce. Sigue un poquito y luego acabamos la chupadita, que me tienes muertecita de deseo.

5 comentarios:

  1. Laura y sus cosas no es lo mismo que Laura y Clara. El XLV de uno y otro no coinciden. Puedes ordenarlo para que pueda empezar a leer, por favor, que llevo un mes intentándolo, je, je, je… Si quieres, vamos. Dame una señal!!!

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  2. Hola: en primer lugar gracias por (intentar) leerlo. Ahora, a ver si, con lo densa que tengo la cabeza, me explico:
    Fui redactando lo de "Laura y Clara: dando vueltas al atajo", que era la versión de Laura de lo de "La niña de Babilonia". Cuando llegué al final decidí corregirlo y, para descargar el blog, enviarlo todo a una página nueva. Pero al corregirlo lo fui ampliando y, por eso, los números de los capítulos no coinciden. De hecho he ido borrando del blog todas las entradas que ya están incluidas en la nueva versión excepto las que tenían algún comentario.
    Ahora el texto definitivo es el que aparece al pinchar "Laura y Clara", reescritura ampliada de lo de "dando vueltas al atajo". Y casi lo tengo acabado.

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  3. Vale, entonces leo exclusivamente lo de Laura y Clara, OK. Leeré lento, pero leeré, no lo dudes.

    A ver si retomamos, SM, que ya estoy de vuelta de mi catarsis particular: te quiero ver por bubok otra vez!

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  4. Bueno, ando intentando salir de un bucle mental y descansando en Menorca a base de hacer poca cosa. Ya cuando consiga salir volveré por Bubok.

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