Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 24 de mayo de 2012

Herman Melville, Moby Dick

Melville, Hermann, Moby Dick (Alianza, Madrid: 2010)
En primer lugar, Moby Dick (1851) es una novela. Marinera como la Odisea y, como ésta, de recorridos caóticos porque tan pronto doblamos el cabo de Hornos como estamos en el mar de China; y con naufragio final del que aquí se salva sólo el narrador, Ismael, como en la Odisea se salva sólo Ulises. Tiene también sus derivas simbólicas por las incontables veces en que se alude a Jonás o se compara a la ballena con una fuerza maléfica, Leviatán.
Pero la obra es mucho más: es también todo un tratado sobre la ballena en el que se nos explican sus tipos, sus costumbres, anécdotas antiguas sobre su captura, el tratamiento que se le ha dado en el arte... o su utilidad a partir de su grasa, sus huesos... Y también un tratado sobre su captura desde la función de las cofas en las que se sitúan permanentemente vigías para su avistamiento hasta las lanchas que, lanzadas al mar desde el barco principal, se acercarán a la presa con los arponeros.
Ya hemos dicho que está contada por Ismael en primera persona: de ese modo, al intercalar su conocimiento sobre las ballenas y su captura, el hilo central narrativo, si es que éste es la lucha personal del capitán Ahab contra la ballena blanca, queda diluido. Sea como fuere, el enfrentamiento de los hombres contra las fuerzas de la naturaleza y la victoria de estas últimas preludia lo que será la novela naturalista de la segunda mitad del XIX.

No hay comentarios:

Publicar un comentario