Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 27 de abril de 2011

El naufragio del Général Chancy


(Esta entrada fue importada de un blog anterior. Como se verá, fue escrita con motivo del centenario de los hechos narrados y que se conmemoraron con un ciclo de conferencias organizado por la Societat Històrico-Arqueològica Martí i Bella en el Cercle Artístic de Ciutadella)

Se cumple un siglo del naufragio del vapor francés Général Chancy que, haciendo la ruta de Marsella a Argel, naufragó la noche del 9 al 10 de febrero de 1910 en la costa noroeste de Menorca.

Por el balance de muertos, 155 (69 de la tripulación y 86 pasajeros) de las que sólo se encontrarían 23 cuerpos y, de ellos, sólo 10 serían identificados, se convierte en el segundo desastre marítimo del momento tras el Titanic cuyo naufragio, a lo que parece, fue un montaje hollywoodiano para poder hacer películas. Mención especial merece el único superviviente, Marcel Bodez, quien, tras ser lanzado por la fuerza del mar a las rocas, consigue refugiarse en una cueva y el día 11 escala el acantilado para aparecer en el predio de Son Escudero.

El Général Chancy naufraga a unas 6 millas al norte de Ciudadela, esto es, 30 millas a poniente de su ruta normal que dejaba a estribor la isla. Las causas están en la fuerte tramontana que ya 25 días antes había provocado otro naufragio, el de la goleta Martial: intentando pasar por el canal entre Menorca y Mallorca para refugiarse en la costa sur de Menorca, el Général Chancy se ve empujado hacia los escollos y, en una maniobra para evitarlos, pierde el timón y queda sin gobierno. Hay que añadir como causa la deficiente señalización, porque el faro más próximo, el de cabo Caballería, estaba a unas 15 millas. Precisamente a raíz de este naufragio se construye el faro de punta Nati*, inaugurado en septiembre de 1913, que marca el extremo noroccidental de la isla.
Existe bibliografía variada sobre los naufragios en las costas de Menorca casi toda agotada. Y un opúsculo dedicado a este naufragio: Miguel Ángel Mir Al·lès, El naufragio del "Général Chancy" (Iris, Ciutadella: 1992).
(El faro se puede ser en la columna derecha del blog)

sábado, 23 de abril de 2011

Laura y Clara: Dando vueltas al atajo, XL

Como no daban nada por la tele, ya vuelves a estar aquí. Y mientras cenabas te has acordado de lo que compraste hace un par de semanas, una libreta. Sí, una libreta, un cuaderno. Pasabas por delante de la librería y la viste. Uno de esos caprichos tontos, parecido a cuando pasas por delante de una tienda de ropa y te quedas prendada de una blusa o un pantalón que ves en el escaparate. La diferencia está en que la blusa o el pantalón te los pondrás pero la libreta... Por eso te quedaste mirándola. Te gustaba pero no le veías utilidad. Además, en la parte de delante tenía un recuadro para escribir el nombre del propietario o bien para poner un título. En eso pensabas, en qué título le podrías poner a una libreta nueva. No se te ocurría nada y decidiste dejarla ahí para volver cuando tuvieras idea de a qué dedicarla y qué título ponerle. Pero fue andar menos de cien metros y encendérsete la lucecita. Volviste atrás, entraste decidida en la librería, la compraste y, al llegar a casa, lo primero que hiciste fue escribir con tu mejor caligrafía: Cosas que he aprendido hoy. A eso la dedicarías: el día que aprendieras algo nuevo pondrías la fecha y, al lado, lo que has aprendido. Pero cosas curiosas, que te interesaran. Si, por ejemplo, viendo el telediario te enterabas de que había un país del que nunca habías oído hablar, de esos que acaban en -istán, no lo ibas a escribir porque qué más te da si ahí no vas a ir nunca. Y al revés con una palabra curiosa, de esas intelectuales que dice ella y siempre muy bien traídas. En cuanto se la oigas, la escribirás y le pondrás al lado el significado; pero no el del diccionario, sino el significado que diga ella, que se explica muchísimo mejor.
Tienes aquí al lado el cuaderno y aún no lo has estrenado. Pero has contado todo esto porque hoy lo vas a estrenar. Vas a escribir la fecha, 10 de mayo y al lado algo cortito: Ser feliz es muy fácil. Que te llamen cursi pero eso lo has aprendido este fin de semana con ella entre los brazos.
Esta vez no vas a contar los detallitos. Sólo vas a decir que lo hicisteis dos veces, una ayer en cuanto volviste de dejar a Virginia y otra esta mañana después del desayuno. Y haciéndolo os habéis dicho muchas ternuras y dulzuras, que se ve que no sólo tú eres la cursi.
También habéis estado en el jardín tumbadas tomando el sol. Y se ha quedado a comer porque, como su padre acabó apuntándose a aquella excursión a Andalucía a la que colaboraste en convencerle y que se hacía esta semana, no tenía la comida familiar de los domingos. Por eso la ha llamado su cuñada para que fuera a comer con ellos pero Clara le ha dicho que ya la habías invitado tú. Al final, ha tenido que aceptar que pasarais las dos a tomar café y habéis ido. Y luego a hacer un rato de compañía a sus tías, que siempre lo agradecen.
Lo que quieres decir, resumiendo, es que este fin de semana te has sentido feliz y estás segura de que ella también lo estaba. Incluso ha hecho eso que a ti te gusta, lo de que tú le quitas la bata y la dejas desnuda o te la quitas tú y te quedas desnuda delante de ella. Ha sido esta mañana después de desayunar: se levanta de la silla, se quita la bata y te coge de la mano para que te levantes y os abracéis.
Además, tenías todas esas ganas de siempre de pillarla desnuda y poneros. Pero cuando anoche os metisteis en la cama sentías las ganas en el corazón y en la punta de los dedos más que en ese otro sitio donde se sienten las ganas y que no hace falta que digas porque todo el mundo lo sabe. Y te habrías quedado quieta con ella abrazada el tiempo que hiciera falta pero pasó lo que siempre pasa, que en cuanto juntasteis los labios...
También estabas feliz porque sentías el ambiente limpio entre las dos y no con ese regusto amargo que has notado a veces. Como si ella se lo estuviera tomando en serio, como si ya no la rondaran ni Tomás, ni Javier ni esos otros fantasmas peores que a veces se le meten en la cabeza.

martes, 19 de abril de 2011

Amor en las distancias cortas (Concurso de microrrelatos Bubok, XII Frase incial obligatoria: "¡Soy un romántico de la vida!"

¡Soy un romántico de la vida! Si quiere su paseo en la playa, ahí la llevo y, descalzos a la luz de la luna, le voy diciendo dulzuras al oído; si quiere música italiana de los setenta, ahí me tienes con Richard Cocciante en el coche a todas horas.
Ahora bien, hay momentos en que todo se decide: cuando se acerca al cajero automático, me arrimo a ella en ademán de besarla en el cuello y, al mirar de reojo su saldo, decido el tamaño de mi amor.

viernes, 15 de abril de 2011

Laura y Clara: Dando vueltas al atajo, XXV

Hoy no trabajas. Es sábado y esta tarde habéis quedado en su casa. Pero antes irás a comer a casa de tus padres, que acabas de hablar con tu madre y también va a ir tu hermana Eva, la que está que si se separa o no, con su niño. Te vendrá bien un ratito en familia aunque tengas que escuchar a tu hermana mientras fregáis los platos o aunque tengas que aguantar al sobrino. Por cierto, a ver si tienes un billete de cinco euros para darle. Pues eso, estás con los tuyos y, por lo menos, no le das vueltas a las cosas. Sales de allí y vas directamente a casa de Clara. Imagínate al revés, todo el rato aquí en casa pensando en dónde se metería la noche del miércoles. Llegarías de mal humor y... no sabes. Pues eso, prefieres sonreírle cuando te abra la puerta y esos besitos formales en la mejilla.
Por cierto que has releído lo que escribiste ayer. Y no, eres incapaz de echarle en cara lo de que tu cuerpo es sólo para ella y, en cambio, el suyo ni se sabe. Eres incapaz de hacerle el más mínimo daño. La quieres tanto que prefieres hacerte daño tú sola reconcomiéndote por dentro. Y harás el esfuerzo de poner buena cara, de echarle ganas, de apartar, cuando entréis en materia, esas imágenes que te vienen con ella en otro cuerpo. Y, si no puedes apartarlas y se te va el deseo, paras y le das besos en ese espacio que tanto te gusta, en la parte superior del pecho izquierdo. Le pasas la lengua a ver si se entera de que quieres besarle y chuparle lo que tiene debajo, el corazón.
Ah, y otra cosa has decidido: que se ha acabado eso de hacerlo siempre las dos a la vez. Renovarse o morir. Que sí, que lo hacéis muy bien, que llegáis siempre juntas y os apretáis en ese momento como si quisierais fundiros la una en la otra. Y siempre lo habéis hecho así desde el primer día. Pero lo que dices, hay que renovarse. Porque tienes el capricho de tenerla a tu merced, de dejarla pasiva y tú dedicada completamente a darle placer. Y no es un capricho, es una necesidad: lo que necesitas es llevarla a tal extremo que, en el momento crítico, se le escape sin querer un te quiero. Porque si estáis las dos a la vez dándoos placer con la boca no vais a parar para decíroslo. Ni si os lo estáis dando frente a frente con la mano; porque cuando estáis llegando os engancháis por la boca para multiplicaros las sensaciones juntando la lengua. Decidido pues: esta misma tarde, sin avisarla ni nada, le aplicas la novedad. Y más adelante, que te lo haga ella a ti y te escuchará un te quiero que te saldrá desde cualquier curva del intestino. Y sí, ya sabes que eres incoherente y te vas de los celos a la pasión total.
Te vas haciendo planes, te vas haciendo ilusiones. Lo que acabas de decidir es fácil y ya verás cómo el lunes apareces aquí contándolo, que tampoco se trata de que la primera vez ya le salga ese te quiero. Pero despacito, despacito...
Y otra cosa te va rondando la cabeza. Te acuerdas mucho de los besos que os disteis hace dos semanas en Cantabria, en el prado junto al río. Te gustaron porque fueron unos besos al aire libre. También os los dais aquí fuera en el jardín pero no es lo mismo, el jardín es espacio tuyo, vuestro, mientras que el prado de Cantabria era público. Sí, lo que estás diciendo es que te gustaría besarla en la calle delante de todo el mundo. No aquí en el pueblo, por supuesto, que una cosa es lo que te apetezca y otra el sentido común. Tú no eres de las que andan por ahí diciendo que tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que quieran porque la constitución lo permite. Sólo faltaría, que la constitución no te libraba del bofetón de tu padre por más treinta años que estés a punto de cumplir. No, lo que andas pensando es proponerle un fin de semana en Madrid cuando libres sábado y domingo. Os vais el viernes a última hora o el sábado por la mañana. Dedicáis la mañana a lo que sea, a sus cosas intelectuales de museos o librerías, coméis, echáis la siesta, salís luego de tiendas, cenáis cualquier cosa y, por la noche, la medio enredas para ir a algún local, que tú ya habrías buscado en Internet, donde nadie os mire mal porque los demás hacen lo mismo. Y eso, la besas en público, la llevas de la mano, la acaricias. Mejor un local con baile: esperas la música lenta, la sacas a la pista y bailáis las dos bien arrimaditas. Y le vas explicando al oído muy despacio lo que le piensas hacer después.
Bueno, te tienes que ir ya a casa de tus padres. Lo vas a dejar porque te estás entreteniendo y dispersando cuando lo que te ha de preocupar no es un fin de semana en Madrid quién sabe cuándo sino este fin de semana. A ver si todo sale bien. Ya lo contarás el lunes.

lunes, 11 de abril de 2011

Metáforas visuales (Concurso de relatos Bubok, LVI [relatos cinéfilos]: relato ganador)

Sería el año 89. O el 90, qué más da. El caso es que ya no estábais en edad pero aún así lo intentabas de vez en cuando. Porque era un provocación, cuando empezaban a apagarse las luces, verla coger el bolso, sacar el estuche, abrirlo y ponerse aquellas gafas de intelectual que sólo utilizaba en el cine. Mientras daban los anuncios y los trailers, eso del movierecord, te lo ibas pensando -lo hago, no lo hago-, la mirabas, veías su perfil en la penumbra de la sala y aquellas gafas entre sus ojos y la pantalla, y te decidías. Le desabrochabas el pantalón, le bajabas la cremallera sin hacer ruido y le metías la mano por debajo de las bragas:
-Gracias, ahora no. Cada cosa a su tiempo. Si acaso luego en el coche.
Educada, eso sí, lo era un rato. Te había dejado llegar hasta tocar pelo, te había dado las gracias y te había puesto en espera. Tú le volviste a subir la cremallera y le abrochaste el botón. Estaba empezando El club de los poetas muertos pero podía haber sido cualquier otra película.

A las intelectuales de entonces les gustaba el cine. A todas sin excepción. A las de ahora quizá también pero ya no debe de ser lo mismo. A ti las que te gustaban eran aquellas intelectuales y todo esto lo estás contando por Ana, tu novia de aquellos tiempos. A ti te gustaba ella y a ella le gustaba el cine. Pero no sabes si acabó de cumplirse la propiedad transitiva por la que a ti, a través de ella, te había de gustar el cine.

Luego en el coche... Ahora te quejas de que pagas hipoteca pero si la pagas es porque tienes un espacio donde hacerlo. Otra cosa es que no tengas con quién hacerlo. Pero entonces tenías que conformarte, teníais que conformaros, con el coche. O ir al apartamento de tus padres en la sierra. Aunque, claro, si de la sesión de las seis salíais hacia las ocho no daba tiempo de subir y bajar a la sierra. Además, no se trataba sólo de ver la película, se trataba de comentarla. Porque las intelectuales eran así: salir del cine, buscar una cafetería y qué te ha parecido la película.

El club de los poetas muertos se te atragantó. Y no por aquel tener que apartarle la mano y no poderle dar un repasito mientras estaba empezando sino por el argumento. Si hasta por televisión habían dado una serie de un profesor de literatura cómplice con los alumnos y utilizando métodos no tradicionales. Vamos a ver: ¿tiene que ser siempre el profesor de literatura? ¿No tendría mucho más mérito un guionista que construyera la misma historia con un profesor de física? Y si fuera con uno de dibujo lineal, óscar directo sin nominación previa.
Ahora bien, tú no podías decirle eso. Ella, ya sin las gafas, se situaba ante un Cacaolat y tú ante una Mahou; como si jugárais con metáforas visuales. Y tenías que dar una opinión sin que cupiera lo de me ha gustado o no. Eras hombre de recursos, siempre lo has sido y, como es cierto el dicho de las dos tetas y las dos carretas, cada mes te comprabas y te leías de cabo a rabo el Dirigido por, una de las revistas de cine de aquel momento. Había otras, el Fotogramas, el Cinemanía, que no sabes si aún existirán, pero a ti te convencían más las críticas del Dirigido por. Ah, y de vez en cuando te acercabas a la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información y te estabas un ratito con el Cahiers du Cinéma; en la edición francesa, por supuesto. Con ese bagaje te enfrentabas a ella y a su Cacaolat aunque tu capacidad crítica sólo se empezaba a soltar a partir de la segunda Mahou:
-Son siete los alumnos a los que inicia el profesor.
-¿Y...?
-Pues como Los siete magníficos.
-¿Y...?
-Un homenaje a Los siete samuráis de Akira Kurosawa.
No habías visto esa película pero daba igual, Kurosawa era como la palabra mágica que le dilataba las pupilas. Así de intelectual era Ana. Y así de sencilla: si sabías llegarle al cerebro tenías la certeza de que habría asunto y llegarías también a su otro espacio.
Si hasta se lo adornaste. A veces bastaba con fijarse en un plano cualquiera para tenerla diez minutos mirándote mientras se le enfriaba el Cacaolat; en aquella película fue el momento en que el padre del alumno que luego se suicida, tras discutir con su hijo, se acuesta preocupándose de dejar las zapatillas simétricamente colocadas al pie de la cama y el plano se deleita en mostrar esa simetría:
-Una metáfora visual del orden establecido al que se enfrentan el profesor y los alumnos.
Lo de la metáfora visual daba mucho de sí... Porque si le hubieras dicho lo que verdaderamente pensabas de la película, que para colegios de niños bien ya estaba Adiós mister Chips en la que además salía Peter O'Toole o que para complicidades de un adulto con niños preferías Mary Poppins o Verano Azul, si le hubieras dicho eso, al acompañarla luego a casa con el coche corrías el riesgo de que te dijera que la dejaras en la puerta. Con tu Kurosawa y tus metáforas visuales, en cambio, te asegurabas que callara al pasar frente a su bloque y se dejara llevar al descampado del final de su calle para daros rienda suelta. Y lo hacíais como podíais, ella de rodillas frente a ti: la mirabas a los ojos mientras le acariciabas el pelo y, cuando se emocionaba y se abrazaba fuerte, te ponía la cabeza en el hombro, le sentías los dos pechos y, al dejarte la mirada libre, era como si volvieras a estar en el cine, en un cine cuya pantalla fuera el parabrisas del coche y la escena todo lo que escondiera la oscuridad del descampado, jeringuillas, latas de cerveza y cualquier otro objeto que no alcanzara a conocer el neorrealismo italiano.

Eso acarreaba otras servidumbres:
-Mañana por la mañana pasan El acorazado Potemkin en la filmoteca.
Porque las intelectuales no decían lo de echan tal película o dan tal otra sino que para ellas las películas las pasaban. Y era un domingo por la mañana, cuando la gente honrada va a misa o duerme la resaca. El acorazado Potemkin sí, la del cochecito de bebé que se suelta y cae por la escalinata, esa misma. Y a las diez de la mañana, con legañas. La ventaja era que esa sesión dejaba dos horas largas para el vermut y los berberechos aunque ella se puso con que las limitaciones expresivas del cine mudo en blanco y negro se compensaban con los juegos de luces y sombras y las expresiones faciales de los personajes. Tú, a lo tuyo:
-El cochecito cayendo es una metáfora visual del destino del proletariado ruso bajo el dominio de los zares.
Porque en aquel tiempo aún se usaba la palabra proletariado.

O el ciclo de Buñuel en el local social de su barrio, eso de que alguien le pide dinero al ayuntamiento y a la caja de ahorros y te monta a bocajarro cualquier actividad cultural. Cuatro sábados, cuatro, de Buñuel en bancos de madera. Sólo recuerdas Nazarín y Belle de jour. Y no era la película sino, además, lo que llamaban cinefórum, que ahí sí que no participaste. Le dijiste al oído que las películas sólo se las comentabas a ella y quedaste como un señor. Porque lo único que se te ocurrió decir, y te lo callaste, era que Catherine Deneuve en Belle de jour no era una metáfora visual sino una exuberancia visual, una hembra de bandera. Como una Sofía Loren, mujeres que no se repiten y han nacido para moverse ante una cámara. Y Silvana Mangano también, que ya está muerta la pobre... Comparada con ellas, dónde va a parar esa escuálida de Penélope Cruz que se cree alguien porque le robó el marido a Nicole Kidman.

Aparte del ciclo de Buñuel y El acorazado Potemkin aún recuerdas otras. Como la de ir una misma tarde dos veces al cine:
-Pero, mi vida...
-Es que van a quitar esas películas de la cartelera y no me las quiero perder.
O lo de Fassbinder, otro ciclo que te tuviste que chupar y que solventaste diciéndole aquella ocurrencia de que el cine alemán te parecía lleno de personajes colapsados.
-¿Y qué quieres decir?
-Pues eso.

Hace ya más de veinte años. Y ahora puedes confesar que sí, que entonces te gustaba atravesar con Ana las cortinas para entrar a la sala, cogerla de la mano para buscar la fila y la butaca... Y el momento en que se ponía las gafas, y su Cacaolat frente a tu Mahou, y el jugarte el ir o no al descampado según tu verbo florido...
Pero si te preguntaran ahora mismo si te gusta el cine no sabrías qué contestar. Bueno, ver algunas películas por televisión sí, lo que no te gusta exactamente es lo de ir al cine, tener que escoger una película, meterte en un centro comercial, que es donde ahora están los cines, hacer cola para sacar la entrada y que con la entrada te den un vale descuento para el McDonald's; y ese olor a ambientador... y si es verano llévate una chaquetilla porque seguro que se pasan con el aire acondicionado. Porque lo cierto es que la última vez que fuiste al cine fue a ver Shrek 2 con tus sobrinos. Y con ellos conociste todo ese mundo sin kurosawas ni buñueles ni fassbinders: la princesa Fiona, el pececito Nemo, los muñecos Woody y Buzz de Toy Story,...

jueves, 7 de abril de 2011

Corrupción en Ciudadela

Está uno tranquilamente en Salamanca viendo el telediario y le dan un susto de infarto: que han detenido por corrupción al ex-alcalde de Ciudadela Llorenç Brondo. Como ha sido pareja mía de dominó en el bar Bananas no he tardado en salir en su defensa:

domingo, 3 de abril de 2011

Tavira (Portugal), 30/3-2/4/11

30/3/11
Tanta carretera y he acabado cometiendo un error gordo: ir de Salamanca al Algarve entrando en Portugal por Fuentes de Oñoro como el año pasado; pero no me acordaba de que el año pasado fui por ahí no porque fuera la ruta más corta sino porque quería visitar Guarda. Y al salir de Salamanca por la A-62 el GPS venga a decirme que diera media vuelta y yo, ni caso: por una vez tenía él razón y lo que tenían que haber sido 660 quilómetros han acabado siendo 690. Este año quería parar en Évora y, si hubiera dedicado un momento a pensar, habría caído en que el camino más fácil era por la Ruta de la Plata hasta Mérida para entrar a Portugal por Badajoz. Bueno, pero el rodeo de 30 quilómetros ha valido la pena: paro en un pueblo del Alentejo profundo, entro en el bar y la barra estaba llena de ceniceros; y una señora detrás con escote generoso paseándose a un lado y otro para que se lo mirara. Pues eso, lo de fumar en el bar es volver a lo de Menos mal, menos mal, que nos queda Portugal.
Y echando cuentas, he salido de Salamanca a las 8:15 y he llegado a Tavira a las 16:00 hora portuguesa después de parar a comer entre Évora y Beja. Y aquí es verano con 24º.
La tarde la he dedicado a la piscina del hotel hasta la hora de salir. Luego a Quatro Águas, a la salida del río Gilão frente a la isla de Tavira, para comprobar que, a pesar del calentamiento global, sigue habiendo mareas; allí estaba a rapaziada de siempre hablando, con sus futuros de subjuntivo y todo (Se houver alguma coisa, falamos) de cualquier cosa menos de la crisis y del posible rescate de Portugal. Más tarde, a la terraza del O seu cantinho donde el patrón me ha dado la novedad.
Y será también por la edad, pero casi seguro que me ha dado el jet lag y eso que sólo hay una hora de diferencia: lo de estar atontado y no tener conciencia clara de la hora que es a pesar de mirar el reloj.
Y ahora dejo un clásico: Uma casa portuguesa de la gran Amália, la canción por la que decían que, al idealizar la vida portuguesa, le hacía el juego a Salazar aunque, claro está, Amália podía hacer y decir lo que le diera la gana. Ese es el estribillo:
Quatro paredes caiadas, / um cheirinho a alecrim, / um cacho de uvas doiradas, / duas rosas num jardim... / Um São José de azulejos / mais o sol da Primavera, / uma promessa de beijos, / dois braços à minha espera... / É uma casa portuguesa, com certeza! / É, com certeza, uma casa portuguesa!



31/3/11
Pues como me he puesto ya los pantalones de verano de Adolfo Domínguez y casi no me los podía abrochar, lo primero ha sido una caminata a ver si me baja la barriga. Luego me he acercado al centro comercial a comprar el último CD de Mafalda Arnauth y no lo he encontrado; he mirado los libros y lo único que valía la pena era una novela de Sousa Tavares, el periodista, pero he pasado de comprarla porque, aunque estaba de oferta porque se ve que cada semana tienen un libro de oferta con un descuento del 40%, tenía más de 500 páginas.
He comido en un sitio portugués de verdad, en una calle de esas por las que no pasan turistas: feijoada de ligueirão, siendo ligueirão lo que en español se llama navajas; nada que ver las exageraciones que te ponen en el Brasil y más parecido a la fabada: las navajas muy troceadas y con chorizo, morcilla, zanahoria y acompañamiento de arroz.
Por la tarde, estrés total: siesta, piscina y, como ayer, a Quatro Águas a vigilar la marea, que pintaba muy bien el pareado de Pessoa:
O mar salgado, quanto do teu sal
são lágrimas de Portugal?
He pasado después por O seu cantinho y a la hora de cenar, en cambio, me he equivocado. Paro en un restaurante muy bien puesto y de nombre Abstracto y me han servido una pierna de cordero deconstruida. Pero por lo menos he cenado en la calle y, volviendo a Pessoa, me he acordado de aquello que dice: He llegado a Lisboa y a ninguna otra conclusión. Yo, en cambio, viendo pasar nenas para aquí y para allá he llegado a la conclusión, después de 30 años de venir con frecuencia a Portugal, de que las portuguesas tienen el culo -por decirlo de alguna manera- sobredimensionado; o sea, acogedor.

1/4/11
Por la mañana he ido a Faro, al centro comercial Forum Algarve por la cosa cultural, los libros y los Cds. En la librería Bertrand, nada que valiera la pena y Paulo Coelho de superventas con un libro de título O aleph; una tienda de música que hubo otro tiempo había pasado a la historia. En resumidas cuentas, me meto en el hipermercado Jumbo y encuentro una joya: hará unos tres o cuatro años leí en un suplemento cultural de algún periódico portugués que Franco María Ricci iba a editar en portugués la misma colección de la Biblioteca de Babel prologada por Borges que en español sacó Siruela hará unos 20 años. Como me faltan algunos títulos estuve buscándolos por Internet sin éxito pero en el hipermercado veo el número 15, una selección de relatos cortos de Kafka de título O Avutre editada por Presença en noviembre de 2010 y, sin acordarme de si lo tengo en español o no, lo compro. El formato y color son exactos a los españoles de Siruela aunque la calidad del papel me da que no.
He vuelto a Tavira, he comido donde ayer feijoada de carne y, por la tarde, el mismo programa que ayer. Pero las terrazas de los bares estaban llenas de mosquitos. Dicen que es porque el río, al no llover, ha bajado de nivel y ha quedado al descubierto el barro donde están las larvas. Yo, ni idea de eso.

2/4/11
Lo peor que te puede pasar lejos de casa. Se despierta el día nublado y decido ir a Ollão. Salgo de Tavira hacia la autopista y en la rotonda que cruza la N-125 voy trazando por fuera y un abuelo gira de repente desde dentro para salirse y se me estampa contra la aleta de babor. Suerte que era buena gente, pero va y me pide que lo olvidemos; le digo que me parece que la culpa es suya y me dice que desde el carril del centro se tiene preferencia (¡) pero, claro, si la culpa era mía no entiendo por qué decía de olvidarlo. Como no pienso ponerme a discutir de quién es la culpa allí en medio, lo convenzo para darnos los datos y ya está. Miro mis daños y, aparte de la chapa, me ha tocado algo el tapacubos y no sé si el neumático. Decido volver a Tavira y, de momento, el coche no se va ni a derecha ni a izquierda pero el problema es mañana, que toca volver. La manía de viajar en domingo: que sí, habrá menos camiones pero, como se me dispare el chivato del neumático, lo tengo claro porque habré de buscar algún sitio entre Ayamonte y Sevilla para pasar el día y esperar al lunes: por Bollullos o Almonte, vete a saber.
Y la depresión, claro, que ver mi BMW hecho un cromo...
Esta tarde voy a repetir programa y a esperar a mañana. Si todo va bien, seguiré la ruta de Sevilla, Despeñaperros y, por Manzanares, que se ve que la autovía de la Mancha ya está acabada, cruzaré a la A-3 para ir a salir a Valencia.
Y dejo aquí una canción de tema marinero de Mafalda Arnauth, para mí una de las mejores fadistas actuales; ni los gorgoritos de Dulce Pontes ni los peinados de Mariza a la que, por cierto, acaban de preñar. Y atención especial al escote: