Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 15 de abril de 2011

Laura y Clara: Dando vueltas al atajo, XXV

Hoy no trabajas. Es sábado y esta tarde habéis quedado en su casa. Pero antes irás a comer a casa de tus padres, que acabas de hablar con tu madre y también va a ir tu hermana Eva, la que está que si se separa o no, con su niño. Te vendrá bien un ratito en familia aunque tengas que escuchar a tu hermana mientras fregáis los platos o aunque tengas que aguantar al sobrino. Por cierto, a ver si tienes un billete de cinco euros para darle. Pues eso, estás con los tuyos y, por lo menos, no le das vueltas a las cosas. Sales de allí y vas directamente a casa de Clara. Imagínate al revés, todo el rato aquí en casa pensando en dónde se metería la noche del miércoles. Llegarías de mal humor y... no sabes. Pues eso, prefieres sonreírle cuando te abra la puerta y esos besitos formales en la mejilla.
Por cierto que has releído lo que escribiste ayer. Y no, eres incapaz de echarle en cara lo de que tu cuerpo es sólo para ella y, en cambio, el suyo ni se sabe. Eres incapaz de hacerle el más mínimo daño. La quieres tanto que prefieres hacerte daño tú sola reconcomiéndote por dentro. Y harás el esfuerzo de poner buena cara, de echarle ganas, de apartar, cuando entréis en materia, esas imágenes que te vienen con ella en otro cuerpo. Y, si no puedes apartarlas y se te va el deseo, paras y le das besos en ese espacio que tanto te gusta, en la parte superior del pecho izquierdo. Le pasas la lengua a ver si se entera de que quieres besarle y chuparle lo que tiene debajo, el corazón.
Ah, y otra cosa has decidido: que se ha acabado eso de hacerlo siempre las dos a la vez. Renovarse o morir. Que sí, que lo hacéis muy bien, que llegáis siempre juntas y os apretáis en ese momento como si quisierais fundiros la una en la otra. Y siempre lo habéis hecho así desde el primer día. Pero lo que dices, hay que renovarse. Porque tienes el capricho de tenerla a tu merced, de dejarla pasiva y tú dedicada completamente a darle placer. Y no es un capricho, es una necesidad: lo que necesitas es llevarla a tal extremo que, en el momento crítico, se le escape sin querer un te quiero. Porque si estáis las dos a la vez dándoos placer con la boca no vais a parar para decíroslo. Ni si os lo estáis dando frente a frente con la mano; porque cuando estáis llegando os engancháis por la boca para multiplicaros las sensaciones juntando la lengua. Decidido pues: esta misma tarde, sin avisarla ni nada, le aplicas la novedad. Y más adelante, que te lo haga ella a ti y te escuchará un te quiero que te saldrá desde cualquier curva del intestino. Y sí, ya sabes que eres incoherente y te vas de los celos a la pasión total.
Te vas haciendo planes, te vas haciendo ilusiones. Lo que acabas de decidir es fácil y ya verás cómo el lunes apareces aquí contándolo, que tampoco se trata de que la primera vez ya le salga ese te quiero. Pero despacito, despacito...
Y otra cosa te va rondando la cabeza. Te acuerdas mucho de los besos que os disteis hace dos semanas en Cantabria, en el prado junto al río. Te gustaron porque fueron unos besos al aire libre. También os los dais aquí fuera en el jardín pero no es lo mismo, el jardín es espacio tuyo, vuestro, mientras que el prado de Cantabria era público. Sí, lo que estás diciendo es que te gustaría besarla en la calle delante de todo el mundo. No aquí en el pueblo, por supuesto, que una cosa es lo que te apetezca y otra el sentido común. Tú no eres de las que andan por ahí diciendo que tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que quieran porque la constitución lo permite. Sólo faltaría, que la constitución no te libraba del bofetón de tu padre por más treinta años que estés a punto de cumplir. No, lo que andas pensando es proponerle un fin de semana en Madrid cuando libres sábado y domingo. Os vais el viernes a última hora o el sábado por la mañana. Dedicáis la mañana a lo que sea, a sus cosas intelectuales de museos o librerías, coméis, echáis la siesta, salís luego de tiendas, cenáis cualquier cosa y, por la noche, la medio enredas para ir a algún local, que tú ya habrías buscado en Internet, donde nadie os mire mal porque los demás hacen lo mismo. Y eso, la besas en público, la llevas de la mano, la acaricias. Mejor un local con baile: esperas la música lenta, la sacas a la pista y bailáis las dos bien arrimaditas. Y le vas explicando al oído muy despacio lo que le piensas hacer después.
Bueno, te tienes que ir ya a casa de tus padres. Lo vas a dejar porque te estás entreteniendo y dispersando cuando lo que te ha de preocupar no es un fin de semana en Madrid quién sabe cuándo sino este fin de semana. A ver si todo sale bien. Ya lo contarás el lunes.

4 comentarios:

  1. Es ameno, Santiago. Se lee fácil y el personaje está muy bien elaborado. Siempre es interesante entrar en las mentes ajenas.
    Me ha gustado.
    ¿Es parte de un proyecto más largo? ¿Hay segunda parte (lo que piensa Clara, por ejemplo?

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  2. A menudo planificar es tan estupendo como llevar a cabo los planes.

    Esperemos que todo vaya bien. El lunes.

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  3. Sobre mi comentario anterior, después de echar un vistazo por el blog, ya vi que sí.
    Leeré los primeros.

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  4. Hola:
    Si pinchas en "Laura y sus cosas" te saldrá toda la historia. Este es sólo el capítulo XXV y normalmente saco un capítulo cada dos días.
    Y lo que piensa Clara ya está escrito: es la novela que tengo en Bubok titulaada "La niña de Babilonia". Esto es, más que la segunda parte, la misma historia desde un punto de vista bastante diferente.

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